miércoles, 19 de noviembre de 2008

Percepciones españolas de la Unión Europea

El último hecho noticiable de forma masiva en la prensa española relacionado con la UE ha sido la presencia de España en la cumbre G-20 (+2), porque bajo ese +2 y bajo la bandera comunitaria acudieron Holanda y España (nunca 8 minutos de intervención fueron pagados a tan misterioso precio), quien ha condicionado a buen seguro la agenda bilateral con nuestro país vecino para unos cuantos años.

La penúltima noticia destacada fue el No irlandés al referéndum del Tratado el pasado mes de junio, valorado de forma muy negativa en los medios políticos españoles, donde se consideró una señal de alarma, o cuanto menos como un signo de incertidumbre política.

Yo misma postulé una revisión sobre el criterio de la unanimidad, albergando sólidas dudas de que éste sea el mejor método para la toma de decisiones sobre el propio sistema de construcción europea. Ya se ha analizado aquí ese resultado, incluso reconociendo como mal endémico la distancia entre la opinión pública y la clase política. Eso explica que habiendo pedido el voto favorable los cinco partidos más importantes de Irlanda, al final el 53 % votara en contra.

No podemos dar por válida la argumentación de que Lisboa es un plan B elitista al rechazo francés y holandés a la Constitución. Lisboa simplemente era un tratado inevitable y necesario para mantener la viabilidad de la UE, y superar la frustración del fracaso constitucional. La integración no puede pararse, no podemos permitírnoslo.

La postura oficial española, igual que la de la presidencia de turno francesa, es que el Tratado debe ratificarse por el resto de Estados y entrar en vigor antes de las próximas europeas, en junio de 2009. La pregunta es cómo, ¿dejando a Irlanda fuera? Al margen de este parón institucional, la presidencia francesa es muy ambiciosa y activa, buena noticia. Si algo de bueno tiene la ampulosidad de Sarkozy es su empeño en dejar huella, y eso puede beneficiarnos a todos los europeos de entrada desde el punto de vista estratégico, porque una de sus metas es lograr la autonomía estratégica de la UE, incluyendo la revitalización de la PESC, o la creación de un programa Erasmus militar, para el refuerzo de esquemas comunes de formación militar, y por fin el deseo de dirigir operaciones militares propias (mediante la Cooperación Estructurada Permanente, y la Sede Operativa Permanente, mecanismos que por cierto dependen de la aprobación de Lisboa), aunque manteniendo e incluso aumentando el compromiso con la OTAN.

Donde España puede desempeñar un papel más visible es en las relaciones mediterráneas. Es esencial por la posición geoestratégica, y Sarkozy ha propuesto la reforma del proceso de Barcelona, aunque existe gran escepticismo político y académico sobre el impacto constructivo de la Unión Mediterránea, que queda en el aire hasta que no se defina su composición, financiación, así como nueva estructura institucional de la UE, la copresidencia, etc.

Uno de los puntos donde hay desacuerdo entre España y Francia es en el contrato de inmigración (deber de conocer la lengua nacional, los valores europeos, la igualdad entre sexos, tolerancia, la educación obligatoria para los menores, etc.), apoyado por el Consejo Europeo, que propone su obligatoriedad a todos los Estados miembros en sus políticas nacionales y que incluye una cláusula para la creación de una policía europea, punto al que Zapatero se mostró contrario por considerarlo fuente de discriminación a los inmigrantes, argumento que no se sostiene, salvo por una cortedad de miras pertinaz o por no tener que darle la razón al líder de la oposición, Rajoy, quien llevaba en su programa electoral del pasado mes de marzo la propuesta de dicho contrato de inmigración.

Francia afrontará la reforma de la PAC (soy muy pesimista al respecto), o la creación de un mercado europeo de la energía liberalizado, aunque difícil parece tomarse en serio este asunto cuando la postura española (socialista) se enroca en el desmantelamiento nuclear, todo lo contrario de lo defendido por Francia.

La próxima presidencia española se inicia dentro de dos semestres, en enero de 2010. Sería deseable que el marco institucional ya estuviera definido (o sea, la compatibilidad entre el presidente del Consejo, el de la Comisión, Mr. PESC y el presidente nacional de turno), de seguir en enero de 2010 sin Tratado, se desconocerá el papel real del presidente español. En el peor de los casos deberá seguir la cohabitación de estos cuatro cargos. Apostillamos que la posición de fuerza de España se ve perjudicada a corto plazo por la reforma, ya que en virtud de ésta ningún país puede nombrar a dos comisarios, y por tanto o Solana (PESC) o Almunia (Comisario) deberían renunciar a sus actuales puestos.

La incertidumbre genera parálisis política y, lo peor, decrementa la confianza ciudadana, como muestra de forma patente el último Eurobarómetro, los españoles que creen que a España le ha beneficiado ser miembro de la UE han descendido un 11 % desde 2007 (desde un 75 % a un 64 %), aunque la mirada positiva de la estadística nos dice que el 69 % de los españoles es optimista respecto al futuro de la UE. El dato negativo en mi opinión puede tener el sesgo de la crisis económica en España y de lo fácil que es culpar al euro del efecto inflacionario que percibe el consumidor, fácil sobre todo para un gobierno de Zapatero que no reconoce su culpa en la falta de previsión económica o en la escasez de reformas fiscales como causantes reales de la crisis.

No hagamos demasiadas alharacas, porque los deseos de europeización de los españoles se limitan al terrorismo e inmigración, y siguen prefiriendo que las políticas sociales permanezcan en el ámbito estatal. Aunque en la seguridad estamos divididos, ya que un 40 % se muestra a favor de aumentar el gasto militar europeo para no depender de los Estados Unidos, mientras que otro 40 % defiende exactamente lo contrario.

Siguiendo en la línea de las contradicciones nacionales, mientras que la gran mayoría de españoles se consideran desinformados sobre asuntos europeos, siguen dando su voto de confianza a los medios de comunicación españoles. Así nos va. Sí, hay una clara falta de debate europeo, de manera acuciante en España, que sigue estableciendo extrañas prioridades en política exterior, bastante errática y enfocada inexplicablemente en alianzas de civilizaciones y de regímenes poco democráticos en Iberoamérica.

A veces me pregunto si no tenemos los políticos que nos merecemos, quienes tan a menudo fomentan la opacidad informativa y buscan excusas peregrinas. La acción política, los pactos que se siguen “perpetrando” vía Conferencias Intergubernamentales, al estilo de las clásicas negociaciones entre Estados, sigue así distante de la transparencia, y para mi frustración los actores estatales fomentan la toma de decisiones de la forma más lejana posible al público, tal vez para que la comprobación de la eficacia política siga sin estar al alcance de la opinión del votante.

Todo esto siempre concluye de la peor forma, en una Unión Europea que sigue sin integrarse, y esto, no nos engañemos, y aunque los políticos nos hagan creer lo contrario, acabar por reducir o limitar el poder del ciudadano, que tanto provecho podría obtener de un entramado europeo que antepusiera a los ciudadanos sobre los Estados.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Una Europa de plátanos azules

El estado socioeconómico de Europa... visto desde el cielo. Dicen que por la noche, un brillante plátano azul atraviesa Europa desde Lancashire hasta la Toscana, pasando por Londres, Bruselas, París, Frankfurt, Stuttgart, Berna y Milán. La pequeña Bélgica destaca por la iluminación de sus autopistas, bien conocidas por los astronautas.

No se sabe con certeza si ese mapa de luces es el origen de la expresión conocida como Blue Banana que triunfó en la década de 1990 en Europa. La acuñó en 1989 el geógrafo francés Brunet, en un buen intento por crear un modelo de desarrollo regional en la UE, que quedó finalmente en nada más que un referente, tal vez porque en ese gran plátano azul no hay intereses territoriales realmente comunes.

La loable intención de Brunet de criticar el centralismo francés y la concentración de riqueza en torno a las grandes urbes, ha quedado relegada a ser un modelo teórico representado por una macrorregión transnacional gigante. Ha fracasado pero es válido como un referente para entender cómo se crean redes complejas y jerarquías solapadas en términos geopolíticos y geoeconómicos.

Es innegable que en Europa se está desarrollando un nuevo regionalismo, propiciado además por la europeización de las políticas regionales, y la regionalización de los órganos comunitarios. Esto multiplica la intervención de actores y de intereses, e incrementa la complejidad escalar. Hay un salto de las economías nacionales a nuevas formas de reparto norte-sur, este-oeste, lo que potencia las alianzas estratégicas entre regiones al margen de los Estados, con el fin de asegurar a largo plazo la supervivencia económica y política, como garantes de las competitividad estructural de dichas regiones en un mundo global. Los gobiernos regionales comprenden bien que no pueden seguir dependiendo de papá Estado.

Se producen así cambios de jerarquía desde el nivel local al nivel global. Los mercados pequeños buscan su propio nicho en el mercado global, además de aliarse con otros mercados pequeños, en un momento histórico en que las economías nacionales en sí están perdiendo mucho peso. Las Eurorregiones son consecuencia del apoyo financiero e institucional de la propia UE, con la Comisión como actor principal, consciente de la oportunidad de europeizar a través de las regiones, como brazos ejecutores de las políticas europeas, y ambos acaban por alimentar mutuamente sus intereses.

El plátano azul no es una Eurorregión ni ha derivado en un nuevo desarrollo escalar de fronteras, a pesar de que en sus comienzos el término prosperó y fue visto como una oportunidad política para algunas regiones adyacentes que quisieron aprovechar el concepto para incorporarse, difuminando las fronteras existentes.

Lo cierto es que más que de un región se trata de un corredor de prosperidad, en el que geográficamente coincide una importante densidad de población, junto con un notable desarrollo industrial y una adecuada infraestructura. En esos términos, y siguiendo ese modelo, la UE quedaría fragmentada en varias regiones según los parámetros de riqueza y desarrollo económico. Esto plantea una gran oportunidad política sobre todo para las regiones menos desarrolladas.

Sería útil empezar a plantaerse una Europa de plátanos azules, en la que las regiones periféricas, depauperadas, infradesarrolladas, encontraran una posibilidad de reforzarse mutuamente, saliendo del círculo vicioso en el que se encuentran. El sistema de transferencias al estilo de los Fondos de Cohesión no puede ser eterno ni es sostenible, además de que perpetúa la dependencia externa.

Las regiones en desventaja competitiva por situación y características deben canalizar sus intereses en forma de cooperaciones territoriales en toda la UE, de modo que las fronteras tradicionales del Estado-nación se sustituyan por fronteras funcionales.

Hay herramientas y mecanismos, desde hace un año existen las Agrupaciones Europeas de Cooperación Territorial, instrumento de cierta complejidad institucional (y demasiado dependiente todavía de las administraciones de los Estados) pero que permite las asociaciones eficaces entre municipios y regiones, incluso remotos, para proyectos comunes. Algunas de ellas están empezando a funcionar. Estos movimientos son señal de que las economías nacionales ya no son el objeto principal de la gobernanza económica, entre otras cosas porque las economías regionales padecen sus propias dificultades, en ocasiones tan específicas o acusadas que las políticas macroeconómicas nacionales son incapaces de ofrecer soluciones.

En este contexto, la creación de nuevas escalas territoriales se convierte en objeto de la lucha sociopolítica. En la actual UE, aunque muchos no lo perciban, las regiones transfronterizas empiezan a ser algo más que entidades tecnocráctias, y las Eurorregiones (empezando por la región Catalunya-Pirineos) están llamadas a ser algo más que entidades rutinarias y más o menos pasivas.

No voy a pecar de una retórica proeuropeísta, aunque no podemos negar que las regiones transfronterizas son esos pequeños puentes que propician la difusión de las fronteras, y que acabarán llenando el mapa de Europa de plátanos azules, hasta que un día las actuales fronteras de las naciones tal como las conocemos sean patrimonio exclusivo de los manuales de geografía e historia.

viernes, 19 de septiembre de 2008

A vueltas con el destino de la Unión Europea

Tengo un criterio sobre la ficción, la uso políticamente como punto de partida y como meta, nada más. No he renunciado a ser idealista, pero en política sólo se avanza a base de objetivos realistas. Y aunque creo que la fuerza de los hechos puede encaminarse hacia cualquier utopía, soy consciente de que cuando un partido político defiende postulados irrealizables deja de ser alternativa de gobierno y se convierte en otra cosa. Para ello sólo nos queda analizar la situación, plantear escenarios hipotéticos y acometer la reforma. La Unión Europea debería tender a la culminación de un proceso de desmantelamiento de fronteras del territorio europeo. Este proceso se ha realizado parcialmente, pero el potencial político que representa sigue lejos de ser explotado para beneficio de todos. Yo tengo el convencimiento de que la UE sólo nos será verdaderamente útil a todos los ciudadanos cuando sea una federación, aunque la tozuda realidad apunta de momento hacia un mercado integrado sin un gobierno político. Esta ambición es saludable, y plantearnos el futuro político de la UE es muy relevante cuando se ha dado carpetazo a una Constitución Europea que abría una puerta a la esperanza. La guinda del pastel fue el No irlandés el pasado mes de junio al Tratado de Lisboa. Estos dos hechos derriban esperanzas e incrementan la incertidumbre.

Lo procedente cuando pensamos en el futuro de la UE es plantearnos el grado de integración al que llegaremos. Vamos a entender por integración algo muy simple, el proceso mediante el cual todos los Estados miembros sin excepción adoptan las medidas tomadas en las instituciones comunitarias, es decir destacaré un aspecto numérico (deben ser todos) y un aspecto institucional (el proceso ordinario de toma de decisiones se basará en el "método comunitario", es decir lo establecido en los Tratados). Para valorar el posible grado de integración vamos a pensar en escenarios de futuro. Se me ocurren varios, el que va desde la no integración política actual hasta la unión política plena, pasando por la geometría variable (término acuñado precisamente en 1986 con la integración de España, cuando se instauró la famosa "Europa de dos velocidades", con la presencia de países nucleares con mayor capacidad de integración y periféricos con integración más lenta debido al desfase económico), es decir la integración incremental.

Al plantear escenarios de futuro los hay que vaticinan incluso la desaparición de la UE, y el regreso a las relaciones intergubernamentales entre Estados, aunque parece altamente improbable que todos los Estados miembros se muestren favorables a rescindir los Tratados. En buena lógica parece casi imposible que los Estados estén dispuestos a incurrir en los costes que supondría el cese del mercado único. Asumiendo que este imponderable no se producirá, pasamos a pensar en los distintos grados de integración, y aquí es donde hace aparición la flexibilidad, una eufemismo para referirse la Europa de varias velocidades (por ejemplo el mecanismo de cooperación reforzada, que permite pactos más profundos entre Estados al margen del resto, con lo que la integración deja de ser uniforme para todos); precisamente en la UEM (Unión Económica y Monetaria) tenemos el ejemplo más claro de este mecanismo (sólo 13 Estados pertenecen a la Eurozona, aunque hay varios candidatos en liza), y otro ejemplo típico es el Reino Unido que tiene una cláusula opt-out sobre la parte de política social del Tratado. Todo esto hace que los Estados no vayan mano a mano en la misma dirección ni a la misma velocidad y se creen problemas en las negociaciones en el Consejo.

No obstante, la política de mercado sí funciona mediante el método comunitario en todos los casos (sería inviable una política asimétrica en ese campo). Pero, y sin que sirva de precedente, quiero abrir una lanza en favor de la cooperación reforzada como herramienta para desbloquear ciertos procesos y para aumentar la posibilidad de integración aunque parezca paradójico. Imaginemos que los Estados miembros son incapaces de ponerse de acuerdo para establecer una agencia independiente sobre política energética comunitaria con poder regulatorio. En ese caso, podría existir una parte de Estados miembros dispuestos a entrar en cooperación reforzada y crear la agencia según los parámetros comunitarios (quedando fuera los Estados que lo desearan), obviamente esto no iría a favor de la integración inmediata, pero sí la reforzaría en el medio plazo, facilitando la incorporación posterior de otro Estados.

Es cierto que hasta ahora ha predominado el método comunitario, y las cooperaciones reforzadas son la excepción, y tal vez sea por eso por lo que siempre se ha trabajado sobre acuerdos de mínimos. Ya habéis visto que mi definición de la integración era muy limitada, sólo contemplaba el aspecto horizontal, pero uno de los aspectos que me apasiona es precisamente el de la integración vertical, la profundización de la UE política con un gobierno central europeo que asuma competencias.

Tiene mucho interés el análisis institucional porque ahora mismo la UE es algo muy complejo y peculiar, que reúne elementos supranacionales e intergubernamentales. Entre los primeros por supuesto el ordenamiento legal que se impone sobre los ordenamientos nacionales en TODOS los casos, y que está establecido junto con las instituciones democráticas (Parlamento, Comisión y Tribunal de Justicia). La toma de decisiones por la regla de mayoría es otro rasgo típico de supranacionalidad (ya que en los otros organismos internacionales funciona la unanimidad y el veto). Las políticas europeas se han basado en los famosos tres pilares (que previsiblemente pasarán a mejor vida tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa), el primero afectaba a lo comunitario (institucional), el segundo a la política exterior y de seguridad, y el tercero a la cooperación policial y justicia. En el segundo y tercer pilar las decisiones se toman por unanimidad, y entran más bien en el ámbito de del Derecho internacional clásico que de la legalidad comunitaria.

Seguir en el marco institucional actual sin mayor desarrollo de los Tratados supondría una parálisis total. No podemos permitírnoslo, así que voy a imaginar que los Tratados avanzan y se siguen reformando. Creo que debe ser así para: aumentar el poder de la UE, comunitarizando los pilares intergubernamentales que mencioné antes, y para dar nuevas competencias políticas a la UE. El Tratado de Lisboa de hecho ya comunitariza el tercer pilar y contempla la cooperación reforzada. Está por ver si Lisboa será por fin ratificado por los 27 (fue un retroceso con respecto a la Constitución, primero por renunciar a la propia palabra "constitución", segundo por volver a la terminología típica comunitaria "directivas, reglamentos..." en lugar de hablar de leyes, por substituir al que iba a ser Ministro de Exteriores de la UE por Alto Representante de Exteriores y Seguridad; pero hablamos de algo más que de símbolos). Es lamentable que un país como Irlanda diga No simplemente por no desear renunciar su influencia en el Consejo (es un mínimo ejemplo de hasta qué punto en las negociaciones comunitarias siguen teniendo un peso excesivo los intereses nacionales, pero esto da para una enciclopedia, y lo dejo para mejor ocasión). Lisboa eliminaba la unanimidad en muchísimas decisiones del Consejo, y aunque esto no se haya publicitado, lo cierto es que Lisboa contempla una importante reducción de la burocracia administrativa de la UE precisamente mediante el reparto delegado del poder. No está todo perdido, porque ahora hay escenarios de salida y no es descartable que el Tratado de Lisboa acabe siendo ratificado, aunque tampoco debemos descartar que el Tratado esté definitivamente muerto.

Si seguimos caminando hacia la integración, es de prever que en cada reforma del Tratado se irá eliminando la cooperación reforzada, es decir se tenderá a eliminar la geometría variable, y llegará un momento en que la única opción de avance posible sea la de la unión política. Hablar de unión política para muchos es todavía una provocación, lo cual me agrada, pero creo que el debate debe desdramatizarse, es decir analizarlo sin pasión y con absoluto rigor. Los sentimientos nacionalistas están fuera de lugar aquí. No se trata de eurofilia o eurofobia, se trata de utilidad, pero también de legitimidad. Por ello Sarkozy ha puesto tanto énfasis en la agenda política europea en la presidencia de turno francesa (él sabe muy bien de los riesgos de un retroceso en la integración).

Ocurra lo que ocurra con Lisboa (creo que acabará ratificándose) la unión política ya se está fraguando. ¿Ya hay unión política? Sí, la hay, sencillamente, aunque mínima, porque existe un reparto de poderes horizontal y vertical. El reparto horizontal se representa en la tradicional división de poderes de Montesquieu (ejecutivo = Comisión; legislativo = Parlamento Europeo; judicial = Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas), mientras que el reparto vertical contempla las competencias compartidas entre centro y periferia.

El debate de fondo tiene que ver exclusivamente con la concentración de poder en esos dos ejes. En el eje horizontal tenemos un sistema parlamentario, en el vertical podemos tener un gobierno centralizado o un gobierno descentralizado o federal. La UE debe tender a un modelo, creo que Delors hizo mucho por la UE federal, aunque la palabra federal ha sido maldita durante tanto tiempo en ámbitos comunitarios que al final Delors acuñó aquello de "un objeto político no identificado", es triste que uno de los hombres que más hizo por la federación europea acabara aspirando a que fuéramos un OVNI de la política, aún así hay un alma federal en la UE, que se representa en parte en el Parlamento (donde tiende a desaparecer la unanimidad), institución en la que debería en su momento recaer la elección de la Comisión. Y en cuanto al reparto vertical, sólo tiene sentido que las competencias que ahora son compartidas pasen a ser exclusivas, o bien de los Estados miembros o bien de la UE (modelo federal estadounidense).

Hablando de competencias es procedente pensar si su delegación a la UE mejora la unión política, punto en el que también hay controversia teórica. Hasta ahora la norma general ha sido delegar a la UE las competencias que los Estados no pueden gestionar a nivel nacional, aunque los Estados siguen siendo reticentes a delegar aquello que afecta a su soberanía (política exterior y fiscal), porque juzgan muy alto el coste de la delegación, no es así en el caso de la política de competencia en el mercado. Hablamos por tanto de costes de oportunidad como mecanismo clave en la cesión de competencias.

Además del debate sobre la unión política que queremos está el nada menor asunto de las ampliaciones, es decir la delimitación de fronteras externas en la UE. Es probable que a mayor número de estados menor sea el grado de integración posible. ¿Se incrementarán los costes de transacción (es decir el tiempo y el coste para tomar decisiones al aumentar los miembros)? No hay evidencia teórica de que sea así, y hay autores que demuestran empíricamente que se incrementa la velocidad de toma de decisiones al aumentar los miembros. Al definir las fronteras definimos también la integración, pues obviamente la posibilidad de integrar a Turquía (además de un gran error un riesgo que no deberíamos asumir) implicaría un retroceso en la integración, ya que seguramente este país tan distante cultural y políticamente (incluso extremista) dificultaría la toma de decisiones, y las negociaciones tendrían un coste elevado. Es obvio también que las disparidades se van reduciendo, los Estados que se adhieren asumen el acervo comunitario y deben hacer transformaciones profundas en sus estructuras económicas y sociales, y se genera así afortunadamente una progresiva convergencia de intereses que incluso puede llegar a superar la ausencia de una "demos" común europea. Es obvio que la europeización causa un efecto benéfico en las naciones.

Ahora mismo hay dos grupos de países, los candidatos ya en negociaciones: Turquía, Croacia y Macedonia; y los candidatos potenciales: Albania, Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro, a los que les faltan ciertos requisitos previos para ascender en el escalafón.

Turquía es claramente un punto de conflicto, sin ir más lejos Sarkzoy ha propuesto una "Unión Mediterránea" (en relaciones especiales con la UE) como alternativa a su acceso a la UE, no contemplando esta segunda opción. En cuanto a los demás, parece improbable que vuelvan a producirse ampliaciones simultáneas, debido a las disparidades, y por ello el calendario se plantea a largo plazo, siendo el que más posibilidades tiene de integrarse antes de 10 años Croacia.

A modo de conclusión, aunque sin concluir nada porque no he hablado de la UE que a mí me gustaría "construir" (no soy constructivista, pero creo que la UE es el ejemplo patente de que el diseño institucional puede tener sentido, no se trata de arrogancia, sino de una integración progresiva que aumenta por la confluencia de intereses y por algo que tal vez se nos escapa a todos, ese alma federal que subyace en ciertas decisiones), debo decir que por lo pronto para poder plantearnos hacia qué escenario vamos hay que analizar a fondo las variables que he ido apuntando aquí y el peso de cada una en la integración. Es evidente que la última ampliación y las posibles futuras ampliaciones configurarán una Unión Europea diversa, en la que - si bien se difuminarán - permanecerán diferencias entre la UE-15 y el resto de países, no sólo por las distintas trayectorias culturales y económicas, sino por la variable política (en algunos de estos países existen partidos políticos radicales que tienen cierto peso y pueden llegar a radicalizar las posiciones de los gobiernos), esto implicaría que la heterogeneidad sería una variable contraria a la integración.

Si el Tratado de Lisboa entra por fin en vigor, si llega a implementarse, la UE dispondrá de una nueva área de Libertad y Justicia, cuyo desarrollo se prevé lento debido a las medidas de control implantadas por los Estados miembros, pero si no llega a implementarse, la UE continuará poniendo en práctica políticas comunitarias, debilitada institucionalmente, pero forzada por la tozuda realidad de la globalización a buscar mecanismos de integración. Creo que el tiempo me dará la razón y la fuerza de los hechos nos empujará a una UE federal, sólo está por ver cómo se delimitan las fronteras externas e internas y si somos capaces de ponernos de acuerdo. Es nuestro gran reto político para el futuro.


¿Por qué una UE federal?

Como ya saben mis lectores, aspiro a ver unos Estados Unidos de Europa, y más que por razones sentimentales, también como camino para sentirme más ciudadana y más libre, probablemente tengan mucho peso las razones de eficacia. En mi anterior artículo hablaba del miedo que sienten las personas a la libertad, esa reflexión me es muy útil, porque una de las razones de la crisis institucional de la UE tiene que ver con el miedo, el voto negativo a los tratados refleja la desconfianza del ciudadano en momento de crisis económica, para algunos es miedo a que la UE haga desaparecer los sistemas de protección social, en cambio para otros es el temor a un exceso de intervencionismo.

La regulación es tediosa (el ejemplo típico es la normativa que estipula el tamaño y la forma de una jaula), y aunque parezca que no facilita las cosas, en realidad esa minuciosidad es la que está garantizando la igualdad absoluta de condiciones para competir a todos los empresarios europeos, independientemente de donde esté su planta de producción (el Tribunal Europeo es ejemplar en el cumplimiento de las garantías de igualdad de competencia y los derechos de los consumidores; tanto que si existiera un organismo así a escala global me atrevo a vaticinar que los chinos dejarían de ser competidores tan peligrosos). Es indiscutible que la dimensión del mercado único y libre, con los derechos del consumidor y la igualdad de competencia garantizados, no tiene parangón en el mundo. Cabe insistir, porque eso los europeos ya lo dan por sentado, y no es un asunto nada menor.

El estancamiento en la UE procede de los intereses nacionales, de los líderes estatales obsesionados en preservar su poder (decisiones en el Consejo que en ocasiones se visibilizan como el triunfo del país A sobre el país E), el culpar a Bruselas de los fracasos y el colgarse las medallas de los éxitos. Todo ello ha opacado la eficacia del sistema institucional europeo, que existe y es notable.

El sistema funcionalista implantado por los padres fundadores, Monnet y Schumann, ya predecía estos conflictos futuros, por ello se inició el proceso con una integración de carácter técnico que no implicara graves diferencias (el mercado único del carbón y del acero), pero la fuerza de la necesidad ha superado esa lógica y ha logrado, con alguna lágrima por el camino, crear el sistema institucional que conocemos.

Estas instituciones han proporcionado beneficios objetivos, pero en los momentos de crisis económica los Estados han tendido hasta ahora a replegarse, en detrimento del proyecto común. La solución pasa por iniciar una fase cooperativa bajo un mínimo común denominador (digo mínimo solamente porque cada Estado tiene un régimen fiscal distinto y unas prioridades distintas y esto parece inmodificable a corto plazo), aún así estableciendo objetivos de prosperidad convergentes. El sistema actual del gobierno económico se fundamenta en sistemas de recomendación tipo MAC (Método Abierto de Coordinación), en el que los Estados intercambian impresiones sobre sus políticas económicas, simple recomendación, nunca imposición, de ahí mi énfasis en los pactos mínimos.

Si parece complicado alcanzar un gobierno económico europeo (con fiscalidad propia y presupuesto), pocos cuestionan la necesidad de una política de seguridad común, que se trata como un bien público común europeo ¿no justificaría esa política en sí misma la existencia de un gobierno europeo? Imaginad el ahorro económico que supondría desmantelar las embajadas repartidas por el mundo multiplicadas por cada uno de los 27 Estados y reducirlas a una sola. Imaginad la fuerza que cobraríamos como agente negociador y competidor frente a China o los Estados Unidos. Es obvio que una de las razones para la existencia de los Estados es la defensa frente a un enemigo común, elemento que a mi juicio debe prevalecer sobre la supuesta falta de representatividad que alegan los que se oponen a este proyecto.

Comprendido el beneficio de la solución cooperativa, podemos extender este modelo más allá del mercado único (donde tenemos ya un federalismo cooperativo de facto) a la creación de un marco político estable europeo, con representación bicameral. El Parlamento como cámara representativa del ciudadano (y partidos políticos transnacionales, para que la UE deje de concebirse en clave nacional), y un Senado como cámara de intereses territoriales, con mecanismo de codecisión.

¿Una nación europea? Tal vez. Para los contractualistas franceses como Rousseau las naciones son una creación natural, los individuos pertenecen a una nación por nacimiento y no pueden hacer nada por cambiarlo, creen en las señas de identidad, en el famoso "We the people". Para los pensadores que siguen esa línea, la creación de la identidad Europea es deleznable y absurda. Curiosamente, nuestro pensador Ortega y Gasset ya criticaba esta visión historicista, y se negaba a que el pasado jugara un papel determinista sobre el futuro.

Mi apuesta no va tanto a "diseñar" una nación europea sino a poner en común intereses mutuos, si un ciudadano percibe que la UE puede hacer muchas cosas por él, él estará más dispuesto a trabajar por esa Unión, de modo que la ausencia del sentimiento de pertenencia al que muchos achacan a los fracasos constitucionales sería por fin superada. No es fácil, corresponde a todos los ciudadanos europeos desearlo, siendo conscientes de que no hay fatalidad que condene al fracaso este gran proyecto, porque desde 1957 se han conseguido avances impensables entonces, un área de prosperidad económica y una moneda única.

Recuerdo que, cuando en el año 2002 se empezaba a preparar la Convención Constitucional a la americana (emulando a la de la fundación de los EE.UU.), los líderes europeos redactaron un texto con sus líneas maestras para la que debía ser la Constitución Europea. Leí ese texto, y estaba dominado por un agradable tono federalizante, como deja entrever esta frase: "Hoy, los Estados nación han perdido individualmente su capacidad para asegurar la paz, la seguridad exterior e interior, la prosperidad y el crecimiento en un mundo globalizado. (....) En muchos casos, tendremos sólo una alternativa: reforzarnos como grupo o quedar solos y marginalizados". Nos podemos remontar también a los líderes democristianos de la posguerra mundial, que siempre apostaron por un modelo federal para Europa. ¿Por qué esa insistencia? Seguramente porque Europa es débil, es pobre en recursos naturales, y porque ha habido un desplazamiento del papel de Europa en el mundo. Hemos perdido relevancia geopolítica en favor de los Estados Unidos y, tal vez más grave es la pérdida de capacidad de competir, el quedarnos atrás en la revolución tecnológica con países emergentes alcanzando la máxima capacidad competitiva.

A veces leo la prensa y me planteo esta simple pregunta ¿Qué hacen las ciudades europeas compitiendo entre sí, gastando millones de euros en publicidad y lobbying, para atraer sedes de agencias y organismos europeos, cuando todo ese gasto y ese tiempo sería evitable? Esto no sucede en EE.UU. en que un organismo federal decide dónde se ubican las agencias estatales y las inversiones nacionales en función de intereses estratégicos comunes a toda la nación. Un ejemplo tan sencillo muestra como, desde el punto de vista de costes y eficiencia, un gobierno federal facilita la consecución de decisiones políticas globales y encaminadas al interés global.

Y a los que se quejan de los euroburócratas o de la élite que dirije los destinos de la UE desde Bruselas, sólo cabe decirles que la marcha atrás sería mucho más costosa, debilitaría a las viejas naciones europeas y sería el fracaso más estrepitoso de la historia de Europa. La opción está ahora entre el estancamiento (status quo) o el avance. La indefinición actual equivale a ineficacia y parasitismo, la definición de los niveles de gobierno equivale a asunción de responsabilidades, por poner un ejemplo sencillo, si el nivel 1 de gobierno federal hipotético fuera la UE y éste comete un error, éste paga por su error en el proceso electoral correspondiente, si el nivel 3 corresponde al gobierno local otro tanto, y ¿a quién corresponde el nivel 2? esta pregunta es muy procedente porque no parece obvio dar por sentado que el nivel 2 deban ocuparlo los gobiernos estatales.

En una Europa cada vez más regionalizada o con niveles de gobierno descentralizados, ¿no deberían ocupar ese nivel 2 los gobiernos regionales o federales con competencias? ¿Es el fin de la nación Estado? Muy probablemente, lo queramos o no, todo es cuestión de tiempo, paciencia y sobre todo, de necesidad.

jueves, 31 de julio de 2008

Presupuesto paralizado, para atrás como los cangrejos

Como sabemos, el NO irlandés condiciona el devenir de nuestra UE. Pero por calendario en el mes de julio toca habitualmente que los Estados miembros den el visto bueno al proyecto presupuestario para el ejercicio siguiente.

Así que el pasado 17 de julio los veintisiete aprobaron el presupuesto comunitario para 2009, del que han excluido todos los gastos ligados a la puesta en marcha del Tratado de Lisboa, cuya entrada en vigor el 1 de enero ya no podrá ser realidad.

El presupuesto es tan de mínimos y tiene tan poca repercusión que el acuerdo, en primera lectura, ha sido alcanzado por unanimidad, algo poco frecuente. La unanimidad tiene que ver con que es un presupuesto de mínimos y es probablemente una respuesta al golpe psicológico que ha supuesto lo de Irlanda.

Es sorprendente que la presidencia francesa de turno se cuelgue la medallita correspondiente al afirmar que la unanimidad de la aprobación "demuestra la determinación del Consejo (de ministros) a favorecer una buena gestión del dinero público europeo y responder a las preocupaciones de los ciudadanos".

El proyecto de presupuesto para 2009, que será debatido en otoño por el Parlamento Europeo y puede ser todavía enmendado, asciende a 114.900 millones de euros en créditos de pago, lo que representa un 0,89% de la Renta Nacional Bruta de los Veintisiete, cantidad "realista y equilibrada", según las fuentes, y desde luego irrisoria para cualquier persona sensata que espere un presupuesto con capacidad política.

El montante es inferior en 1.770 millones de euros al anteproyecto presentado por la Comisión Europea y un 3,3% menos que el actual presupuesto de 2008.

Sintomático es que el presupuesto comunitario descienda, y más en época de crisis, en que se suponen más necesarias que nunca las medidas estructurales.

Las principales partidas corresponden a la agricultura y gestión de los recursos naturales (57.100 millones de euros), la cohesión (48.400 millones), la competitividad (11.100 millones) y las acciones exteriores de la UE (7.300 millones).

Frente a los recortes introducidos en algunas áreas, los Veintisiete han aceptado las propuestas de Bruselas para la financiación de la agencia de control de fronteras Frontex, y han añadido 100 millones de euros en ayudas a los palestinos y 60 millones para Kosovo.

Con motivo de esta primera lectura, las dos ramas de la autoridad presupuestaria -el Consejo y el Parlamento- se han puesto de acuerdo en una serie de declaraciones para mejorar la gestión del dinero destinado especialmente a las políticas de cohesión, desarrollo rural y al fondo de solidaridad.

Ya lo dice la palabra, "declaraciones", una vez más nos quedaremos en puras declaraciones de intenciones mientras la capacidad de acción de este grupo de gran potencial que son los 27 se va viendo mermada por la cortedad de miras políticas.

domingo, 15 de junio de 2008

Sobre la UE a vuelapluma

Acabamos de llegar de una jornada ampurdanesa, nublada pero agradable. La brisa marina deja su efecto tonificante, con eso basta, pilas recargadas, la preceptiva caravana y al llegar a casa, ¿cómo no? alguna protesta por mi europeísmo.

Es curioso, porque ayer por la noche me escribía un amigo eurodiputado del PPE igualmente triste por el voto irlandés, y quejoso por la lata que iban a dar ahora los "insoportables" antieuropeístas en la Eurocámara. Paradójicos euroescépticos que mantienen un sillón en el PE a costa de sus falacias, pero este no es el asunto de hoy.

Leyendo vuestros comentarios, se me ocurren algunas cosas. Jordi, no hay déficit democrático, o por lo menos el menor posible, los acuerdos en el Consejo son entre Jefes de Estado democráticos, el Parlamento participa cada vez más en codecisión, y la Comisión se ha ganado el respeto a pulso, por no hablar del Tribunal que es escrupuloso al máximo con las leyes comunitarias que todos los Estados aceptan al entrar a la UE, y a las pruebas me remito, en la jurisprudencia ninguna nación sale favorecida sobre el resto, sólo los ciudadanos resultan escrupulosamente favorecidos, con sus derechos individuales salvaguardados e incluso por encima de los sistemas jurídicos nacionales, en ocasiones deficitarios al impartir justicia.

La UE es la entidad política de todo el planeta en que los derechos humanos y civiles de los individuos están más protegidos y garantizados, en virtud de la Carta de Derechos, de los Tratados, por supuesto y del propio Tribunal, al que todos y cada uno de nosotros podemos acudir ante una injusticia.

En los años ochenta los Eurobarómetros decían que el 75% de los europeos se mostraban favorables a una Europa unida políticamente, este porcentaje ha caído en picado, y ¿por qué? Pues esa caída coincide justo con las adhesiones de los países nórdicos, más mercantilistas, que empezaron a aplicar el concepto de saldos netos, el "tanto doy tanto recibo", y está demostrado que antes de que llegaran los países nórdicos no existía ese "mercadeo" en las negociaciones presupuestarias, y había mucha mayor solidaridad entre los miembros.

Es decir, a mi juicio la mercantilización de la UE se debe a ese punto de inflexión, junto con la aplicación del "cheque británico" en la línea de los países nórdicos (el yo doy más, debo recibir más) de esa noción es de donde nace el euroescepticismo, pues los políticos más nacionalistas encendieron la llama del fantasma de Bruselas (como hacen los catalanes con Madrit), Bruselas el expoliador, el que nos roba dinero para dárselo a los países del sur, era la época en que entraron los países de la cohesión: España, Irlanda, Grecia y Portugal.

Alemania siempre ha perdido, siempre ha sido donante neto, y en cambio ha sido la nación que más ha trabajado por la unión política, sobre todo de la mano de Kohl, en connivencia con Delors, algo parecido a lo que sucede ahora con Merkel y Sarkozy. Demos gracias a estos líderes visionarios. El discurso antieuropeo es el discurso fácil y barato.

Europa tiene que construirse desde arriba porque si pretendemos que 500 millones de ciudadanos se pongan de acuerdo sobre un texto común, en fin creo que no llegaremos a ningún lado, los que piden Europa desde abajo creo que están fuera de la realidad, máxime cuando en mi pueblo se llevan a matar con los del pueblo de al lado.

Los que critican que la UE es sólo económica y no política, me dan la razón, es necesaria una unión política, ¿o no? pues claro que hace falta una unión política, pero aún así, es de reconocer que los grandes logros han sido en el campo económico. Gracias al mercado único las empresas se han puesto las pilas, son más competitivas, han abaratado precios y han favorecido al consumidor, gracias a las regulaciones europeas se está empezando a obligar a cumplir normativas a otros mercados mundiales, que compiten con ventaja... que todos cumplan las normas y se sometan a las mismas reglas, eso no es proteccionismo, al contrario, es que la industria europea está desprotegida si cumple normas (con coste añadido) que el resto incumplen.

La UE ejerce poder blando en la OMC, gracias a esto los países menos desarrollados empiezan a cumplir normas. Claro que ha habido proteccionismo en la UE, sobre todo mediante la PAC, la PAC fue necesaria en su momento porque había una enorme densidad de población rural que no podía mantener sus producciones, y para asegurar el abastecimiento y no depender de terceros. ¿Os imagináis si en los setenta y ochenta no hubiera existido la PAC? Los agricultores habrían desaparecido (bolsas de paro y pobreza) y tendríamos que haber importado los alimentos, leche, cereales, carnes, etc. esa dependencia del mercado exterior... no era algo que pudiéramos permitirnos.

Los políticos, es fácil criticarlos, pero ¿se puede estar sometiendo a referendo cada decisión que se toma? Seamos serios.

Los irlandeses dicen No por expresar su descontento por mil razones que no tienen que ver con el Tratado de Lisboa en absoluto, y ¿Para qué sirve una UE de naciones en la que cada uno va por su cuenta? ¿Creéis que así nos iría mejor?

Me remito a los Estados Unidos de América que tanto admira mi amiga Brigate. Fíjate que ese es mi modelo para Europa. Y fíjate que la Convención Europea, en la que yo participé en una propuesta que se mandó desde mi Universidad, fue algo magnífico e histórico, fue exactamente igual en ambición, funcionamiento y puesta en escena a la Convención norteamericana de Hamilton y Madison, aquella que dio origen a la creación de la federación estadounidense.

Por cierto, los estados americanos tenían problemas para entenderse, eran incapaces de ponerse de acuerdo ni siquiera en la construcción de una vía ferroviaria, problema que desapareció con la creación del gobierno federal, con la centralización de las políticas estructurales. Y la federación americana se construyó gracias a la visión de políticos como Hamilton y Madison, no la construyeron los norteamericanos decidiendo sobre cada una de las políticas, las instituciones se crearon desde arriba, si fuera por la gente el mundo sería un caos formado por centenares de miles de naciones en las que todos querrían decidir sobre todo.

Perdonad, pero es tronchante esto de la Europa de los ciudadanos desde abajo, ¿cómo nos ponemos de acuerdo los 500 millones? Qué ideas tenéis, ja, ja, ¿Nos reunimos en una cafetería de París todos y hacemos una asamblea? Pero es que la demagogia no conoce límites.

Y además, el medio millón de irlandeses cabreados con su vida a mí no me representan, lo siento, que me cuenten por qué no quieren el Tratado de Lisboa, que alguien me demuestre que Lisboa es perjudicial, es que además es todo lo contrario.

La Europa de naciones es nuestra ruina, es perder la garantía de competir en igualdad de condiciones en un gran mercado, es perder capacidad de cohesión, es perder influencia en el mundo, ¿quién puede desear algo así?

Lo que es un abuso es que la gente sea europeísta para recibir fondos pero no para arrimar el hombro. Lo de los burócratas ya lo he contado mil veces, el presupuesto europeo incluida PAC, fondos de cohesión, todas las políticas europeas, altos cargos, administración, etc. supone un 1 % del PIB europeo, nadie puede criticar a la UE por la dimensión de su gasto público.

Os recuerdo algo que Hayek escribió en Camino de Servidumbre, las instituciones son necesarias porque garantizan nuestros derechos y deberes, son la herramienta política más potente.

En cuanto a las naciones reticentes, su efecto es tan pernicioso que incluso han conseguido que en el Tratado de Lisboa desaparezca la referencia a la bandera y al himno de Europa, así de triste.

Y por último, por informar, copio aquí un breve resumen de lo que supone en cuanto al reparto de poder este Tratado. En otro post, cuando pueda, colgaré más información sobre las implicaciones presupuestarias y otras del Tratado.

Por cierto, soy contraria al punto que contempla la posible recuperación de competencias por parte de los Estados, como es natural, pero ahí estaban los nacionalistas para imponer ese criterio.

En el Tratado de Lisboa se clarifica en parte el reparto competencial, para entender quién es responsable de qué políticas. Este aspecto es clave para la democratización europea, ya que refuerza la responsabilidad en distintos niveles.

1) Principios del reparto competencial:
* La UE ejerce con plenitud las competencias que los EM le ceden en el Tratado de Lisboa.
* Las no especificadas permanecen bajo el mando de los EM.

El principio de poderes conferidos garantiza que la UE no puede aumentar sus competencias a expensas de los Estados sin el previo consentimiento de éstos. Lamentablemente hay que destacar que este Tratado reconoce la posibilidad de que los EM recuperen competencias ya delegadas a la UE, retroceso notorio en el camino federal.

2) Tipos de competencias:
a) Exclusivas de la UE:
- Fronteras de la UE.
- Establecimiento de las reglas de competencia para el funcionamiento del mercado interior.
- Política monetaria de los EM donde está vigente el euro.
- Conservación de los recursos naturales del mar.
- Política comercial común.
- La conclsuión de cualquier acuerdo interno en el marco de un acto legislativo de la UE, o cuando es necesario para el ejercicio de una competencia interna, o bien sea posible que las reglas comunes se vean afectadas o su rango modificado.

b) Compartidas, cuando los EM las ejercen si la UE no lo hace:
- Mercado interior.
- Política social según lo definido en el Tratado.
- Cohesión económica, social y territorial.
- Pesca y agricultura, excepto la conservación de los recursos del mar.
- Medio ambiente, protección del consumidor, transporte, redes transeuropeas, energía.
- Área de libertad, seguridad y justicia.
- Asuntos de seguridad relacionados con la salud pública, según define el Tratado.
- Investigación, desarrollo espacial.
- Cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria.

c) Exclusivas de los Estados miembros:
- Industria.
- Cultura.
- Turismo.
- Educación, formación profesional, deporte, juventud.
- Protección civil.
- Protección y mejora de la sanidad.

Los EM coordinan sus políticas económicas y de empleo mediante los mecanismos de coordinación, y que existe un régimen especial para la política exterior y de seguridad.

3. Nuevas competencias que adquiere la UE:

* El Tratado de Lisboa no otorga nuevas competencias exclusivas a la UE.
* Otorga nuevas competencias compartidas:
- Espacio y energía.
- Acción de soporte y complementaria en protección civil, propiedad intelectual, turismo, deporte y cooperación administrativa.

En estos casos se aplica el procedimiento legislativo ordinario (CODECISIÓN, entre el Parlamento y la mayoría cualificada del Consejo de Ministros)

* Además potencia el papel de la UE en ciertas áreas, sobre todo en libertad, seguridad y justicia, y en términos de defensa y acción exterior.

* Abre la puerta a una futura política energética europea, porque permite a la UE: legislar para armonizar el mercado energético; mejorar la seguridad de las fuentes de energía de los EM; promover el ahorro energético y el desarrollo de nuevas formas de energías renovables.

4. Papel de los Parlamentos nacionales:
* Define el papel de los Parlamentos, que comprobarán que las competencias se comparten realmente, gracias al mecanismo de "alerta precoz" (early warning) que:

- Los Parlamentos podrán alertar cuando el principio de subisdiariedad esté en riesgo de ser violado por las instituciones europeas.
- La Comisión deberá revisar toda propuesta que supere 1/3 (o bien 1/4 en el área de Interior y Justicia) de opiniones negativas por parte de los Parlamentos nacionales.

* Admite la posibilidad de que los Parlamentos nacionales recurran al Tribunal de Justicia en relación con cualquier incumplimiento o violación del principio de subisdiariedad.

viernes, 30 de mayo de 2008

Los últimos datos de la cohesión social en la UE

La Comisión ha publicado los datos de cohesión, indicando dicho informe, que se puede ver en detalle aquí, que la UE-25 es bastante igualitaria, con un coeficiente de Gini de 32,7. Mientras, en EEUU dicho coeficiente se sitúa en los 35,7 puntos, lo cual indica que hay mayor índice de "igualdad" en nuestro lado del Atlántico.

Se explica esto dentro del seno de la UE como resultado de una eficaz promoción de la igualdad de oportunidades.

No obstante, no nos dejemos engañar por las cifras, próximamente analizaremos más a fondo las más que posibles carencias de dicho informe.

lunes, 12 de mayo de 2008

Noticias comentadas: sobre defensa europea

A partir de hoy se me ha ocurrido iniciar una nueva sección que se basará en ir comentando o acotando noticias de prensa.

Empiezo por esta del International Herald Tribune.

Este es mi comentario personal sobre lo que cuenta esta noticia:

La UE evidentemente ha basado de forma tradicional su estrategia exterior en el poder blando, y esto ha funcionado relativamente con éxito, se utiliza la misma táctica en los organismos internacionales para ganar aliados, por ejemplo en la OMC e incluso en la ONU.

Mientras EE.UU. tenga un gobierno que no aplique políticas aislacionistas en realidad la UE respira tranquila y deja las cuestiones de poder duro en manos norteamericanas, se lava las manos por decirlo de alguna forma. A la UE no le interesa basar su estrategia de posicionamiento en el mundo en el poder duro, es decir se huye del realismo político, y esto se debe desde mi punto de vista al complejo europeo por ser la causa de las dos guerras mundiales, y por otro a la convicción (errónea o no) de que por la vía pacífica podemos conseguir más fácilmente nuestro predominio en el mundo, es lo que se conoce como poder blando en todas sus facetas. La UE lava su cara y es el poder hegemónico "bueno" frente al norteamericano que se lleva el papel de "malo".

El problema se producirá cuando llegue un gobierno aislacionista a la Casablanca, ¿qué pasará? No es de recibo que tal como está el mundo, con las amenazas en nuestras puertas, pasemos de este asunto. Creo que está llegando el momento de que la UE se tome muy en serio su propia seguridad, para ser entre otras cosas verdaderamente respetada, y no sólo "admirada".

El ejército europeo puede ser viable, hay recursos económicos, es cuestión de voluntad política.

Del mismo modo en que constato que no hay voluntad política para centralizar ciertas políticas y para hacer un presupuesto europeo federal, no la hay para militarizar la seguridad europea, es un temor lleno de prejuicios por parte de casi todas las naciones europeas.

jueves, 8 de mayo de 2008

¿Qué pasó el 9 de mayo de 1950?

Todos hemos oído hablar de Robert Schuman, conocido como uno de los Padres de Europa, título que le otorgó el Parlamento Europeo (él fue su primer presidente) como reconocimiento a la decisión de lanzar aquel documento clave, que significó la fundación de la CECA. Aquí podéis leer dicho texto, la Declaración de Schuman que leyó en París, siendo Ministro de Exteriores de Francia.

El gran artífice, espiritual e intelectual, de la idea de la Europa políticamente unida fue Jean Monnet, redactor de dicha declaración, visionario y creador de la estrategia que permitiría construir una Europa integrada de forma progresiva, motivada por la necesidad de la unión económica. Hoy celebramos un día en que se recuerda a los Padres de Europa, además de Monnet y Schuman, Adenauer y De Gasperi, aunque oficialmente la Comisión reconoce la misma categoría a Churchill, Spaak, Hallstein y Spinelli, ampliando el abanico y la transversalidad del proyecto. No deben discutirse los méritos de estos hombres, que superaron recelos y reproches de gobiernos, prensa y grupos de intereses, apostando por la idea de Europa y, en el caso de Spinelli, trabajando esforzadamente, durante su vida política, por el federalismo europeo.

La rueda de prensa del 9 de mayo de 1950, que tuvo algo de improvisado y prematuramente intenso, fue de una relevancia que sólo se ha podido valorar a posteriori. Tras la publicación y difusión de ese famoso escrito, se fraguó la destrucción y el desmantelamiento de las fronteras físicas y mentales entre Alemania y Francia, además de incorporarse muchos elementos federales en las relaciones entre ambos países. Desde entonces, el eje franco-alemán ha sido el corazón de la Unión Europea. Schuman tuvo habilidad política para implementar los principios de ese documento y todos los elementos institucionales, económicos y políticos que germinarían en el Mercado Común.

Justo es decir que el esfuerzo y el ímpetu con tintes visionarios del texto habrían quedado en papel mojado, de no ser por la gran voluntad política por parte de muchos hombres en aquella complicada era de la posguerra europea. Hombres que ambicionaban una unidad política para Europa. Décadas después, muchos compartimos esa ilusión con ellos. Revivimos el proyecto, la idea, la sana ambición europea, cada 9 de mayo, conscientes de que la meta final y final todavía no está al alcance de la vista. Especialmente en un día como hoy, nos honra recuperar aquel espíritu y mantener viva la llama del europeísmo.

martes, 6 de mayo de 2008

El Impacto de Lisboa sobre el Presupuesto de la UE

Este Tratado de Lisboa no es alentador para los que aspiramos a una UE federal, de hecho es decepcionante, pues no aporta nuevas competencias a la Unión, y únicamente contempla algunas nuevas competencias compartidas (espacio y energía), y recomienda aumentar las acciones de apoyo o coordinación (protección civil, propiedad intelectual, cooperación administrativa o turismo).

En todas estas áreas se aplicará el procedimiento actual de codecisión entre el Parlamento y la mayoría cualificada del Consejo.

Hay tal indefinición política que se hace complicado predecir las implicaciones presupuestarias, y de hecho en el más reciente Informe del Comité Presupuestario del PE, presentado en Bruselas el pasado 24 de abril no se concreta demasiado sobre el presupuesto, quedando la mayoría de provisiones pendientes de los actos legales correspondientes.

No obstante en general la codecisión se extiende para las asignaciones presupuestarias de manera que no superen los techos establecidos en los marcos plurianuales.

Se pueden hacer las siguientes puntualizaciones:

1. Agricultura: la política agrícola pasa a estar dominada por el proceso de codecisión en: organizaciones del mercado interior, regulación de los pagos directos, desarrollo rural y financiación de la PAC.

2. Instituciones: desde junio de 2009 la Eurocámara pasará a tener 751 parlamentarios.

El Consejo Europeo pasará a ser una institución independiente con su propio presupuesto, dentro de la misma sección que el presupuesto del Consejo, algunas de las acciones de aquél pueden ser financiadas por éste, se mantendría un pacto de caballeros entre las dos ramas de la autoridad presupuestaria, o sea el Parlamento y el Consejo.

En cuanto al Alto Representante, éste dependerá de la Comisión y por tanto irá con cargo al presupuesto de la Comisión.

En cuanto al Servicio de Acción Exterior Europea (SAEE), es únicamente un problema de nomenclatura presupuestaria, pues la acción externa ya la financian el Consejo y la Comisión. Se trata de un problema político más que técnico. Se contempla que el presupuesto cubra la captación de personal diplomático de Estados miembros.

La Comisión por tanto se ve afectada únicamente por el AR y el SAEE.

En el Tribunal de Justicia el número de abogados generales puede incrementarse de ocho a once, lo que implicaría un incremento presupuestario.

En cuanto al Comité de las Regiones y al Comité Económico y Social se establece que cada uno de ellos no debe tener más de 350 miembros (actualmente tienen 344).

La OLAF (Oficina Antifraude) es substituida por la EPPO (European Public Prosecutor Office), cuyas implicaciones quedan pendientes de los actos legislativos que se acuerden.

3. Políticas europeas:

Se establecen nuevas funciones, en concreto:

* Eurojust (TFEU, art. 85).
* Cooperación de justicia en asuntos criminales (TFEU, art. 82.1.c.)
* Juventud y deporte (TFEU, art. 165)
* Salud pública (TFEU, art. 168)
* Área de investigación europea (TFEU, art. 179)
* Política espacial (TFEU, art. 189)
* Medio ambiente / cambio climático (TFEU, art. 191)
* Enegía (TFEU, art. 194)
* Turismo (TFEU, art. 195)
* Protección civil (TFEU, art. 196)
* Cooperación administrativa (TFEU, art. 197)
* Ayuda humanitaria (TFEU, art. 214)
* Cláusula de solidaridad (TFEU, art. 222)

Muchas de estas partidas quedan pendientes de la toma de decisiones a medio y largo plazo, y por tanto quedan políticamente poco definidas, aunque son una base para empezar a trabajar en profundizar mecanismos políticos coordinados desde Bruselas.

sábado, 26 de abril de 2008

Una nueva oportunidad para la cooperación entre territorios

Esta semana pasé una tarde en un seminario sobre gobernanza europea en la Universitat Autònoma de Barcelona.

Como siempre, fue interesante reencontrarse con la sensación de acudir a las aulas a aprender y a participar. Se trataba de estudiar a fondo el funcionamiento de las relativamente nuevas AECT (Agrupaciones Europeas de Cooperación Territorial).

Ha sido enriquecedor, pero me ha llamado la atención en especial comprobar cómo en un Decreto Ley del mes de enero de este año el gobierno corta las alas a las aspiraciones de desarrollo de políticas de cohesión a las Comunidades Autónomas. Al leer con detalle el Real Decreto que regula la normativa sobre las AECT una se da cuenta de la cantidad de trabas administrativas y burocráticas que el Estado español impone a las regiones y entidades locales. Lo sorprendente es que esta legislación podría llegar a atentar contra la Carta Europea de la Autonomía Local, que precisamente protege a las regiones y entidades con competencias para que puedan asociarse internacionalmente, fuera o dentro de la UE, aunque de momento nadie ha dicho esta boca es mía ¿Cuál es el sentido de esta batería de obstáculos que perpetran ciertos gobiernos?

Puede ser una forma bastante expresa para tene bajo control las pretensiones de expansión de los poderes territoriales, en especial porque el Reglamento comunitario sobre las AECT permite que estas asociaciones se formen entre regiones, municipios e incluso Estados miembros, es decir existiría un temor a que alguna Comunidad Autónoma pudiera entrar en cooperación directa con un Estado miembro. La ponente de la conferencia de hoy denunciaba este hecho como una clara injerencia en las competencias regionales, existiría un cierto conflicto legal entre reglamentos.

Es cierto que todo esto puede resultar muy abstracto, pero los que hemos estudiado un poco el fenómeno de la integración europea conocemos bien que ciertos Estados son muy poco proclives al desarrollo de las alianzas interterritoriales, adimitiendo hasta ahora solamente las alianzas transfonterizas y recelando de cualquier programa de cooperación que implique territorios con competencias, el problema es el intergubernamentalismo imperante. No digo que España sea la única nación que obstaculice el proceso, Francia también lo hace, por contra Alemania con sus potentes estados federados es favorable al desarrollo territorial de una nueva Europa de las regiones.

Yo no defiendo exactamente una UE de las regiones, pero sí una UE federal con un concepto de toma de decisiones y de reparto del poder claramente distinto al actual, creo firmemente que la Europa de los Estados es un error porque limita enormemente el potencial de desarrollo económico y sobre todo de cohesión económica y social, de hecho me preocupa muchísimo, y más me preocupa que los fondos europeos se están tirando por la borda por un mal uso, muy regulado pero poco eficaz.

Por parte de los gobiernos en general ha habido un absoluto menosprecio en este campo. La AECT es una gran ocasión para conseguir atraer fondos de la UE en el caso español.

Es más, ahora que España deja de ser beneficiaria de los fondos de la UE en favor de los nuevos países del Este, es importante que utilicemos este tipo de recursos para conseguir capturar ayudas de la UE y fomentar el desarrollo junto con otras regiones europeas, que no tienen por qué ser fronterizas, pueden ser lejanas pero podemos compartir con ellas experiencias que nos ayuden a crecer económicamente ¿no os parece sumamente interesante? La AECT se trata de una alianza a largo plazo, con objetivos concretos y funcionales, y creo que es un primer paso para una UE basada en proyectos políticos concretos más que en negociaciones entre Estados miembros.

Entretanto, debemos asumir un Real Decreto que complica en la práctica la constitución de estos proyectos interterritoriales. De este modo se coartan las opciones, mientras dejamos pasar el tren de la financiación, de los grandes proyectos, de la cooperación con amplitud de miras, codo a codo con otras regiones de Europa con las que podríamos crecer en sintonía. ¿Por qué nos dejamos engañar? ¿Por qué siempre perdemos el tiempo en naderías y no normalizamos de una vez una nueva Europa política?

martes, 15 de abril de 2008

Financing the European Budget (Income)

The EU Own Resources System:

Total EU revenue has to be equal to total expenditure and is required to stay within agreed legal limits, currently 1.31% of the EU gross national income (GNI) for appropriations for commitments and 1.24% of EU GNI for appropriations for payments.

The main source to finance the EU budget is now a resource based on the Member States' gross national income. This has grown to surpass the other sources, customs duties and agricultural levies ("traditional own resources"), and a resource based on a value added tax base. The own resources system has evolved significantly since the beginning of the first financial framework. In 1988, the GNI resource made up less than 11 % of EU financing, compared to 28 % provided by custom duties and agricultural levies and 57 % by the VAT-based own resource.

In 2013, the GNI resource will provide about 74 % of the EU financing, against 13 % for customs and agricultural levies and 12 % for the VAT-based resource.

The sources and mechanisms of funding the EU budget should ensure an adequate funding of EU policies. They should be judged against commonly agreed principles such as economic efficiency, equity, stability, visibility and simplicity, administrative cost-effectiveness, financial autonomy and sufficiency. None of the funding sources of the EU budget satisfies all of these principles to the same extent, and it is difficult to conceive an "ideal" funding system.

However, the resources structure should seek to comply with the most important funding principles to the greatest possible extent, while minimising negative effects from the perspective of other relevant principles. To achieve that objective, choices have to be made on the principles and their relative importance.

Although the current system has succeeded in providing sufficient resources to finance the EU budget, there is nevertheless a continuous debate about whether the source of funding could be improved in order to better comply with the relevant financing principles. The two largest sources of revenue – the VAT and GNI based own resources – display many of the characteristics of national contributions and are often perceived as such. They are provided by national Treasuries and are sometimes presented as an expenditure item in national budgets. As a consequence, Member States often tend to judge EU policies and initiatives in terms of returns compared to their national contributions, rather than looking first at the overall value of pursuing certain policies at the European level.

The overall composition of the Union's own resources system will thus be an important element to be examined in the context of the review.

Corrections:
In the years since the 1984 Fontainebleau agreement, according to which "any Member State sustaining a budgetary burden which is excessive in relation to its relative prosperity may benefit from a correction at the appropriate time", several permanent or temporary correction mechanisms have been introduced on the income side. These corrections, which include the UK correction – essentially consisting of the reimbursement of 66% of the difference between UK GNI- and VAT-contributions to the budget and its receipts – lump-sum payments to the Netherlands and Sweden, reduced VAT call-rates for the Netherlands, Sweden, Germany and Austria, as well as a flat rate retention of 25% of traditional own resources for Member States collecting them, have considerably reduced the simplicity and transparency of the system.

More importantly, this logic, alongside the increasing focus placed on a narrow 'accounting' approach with the main objective of maximising returns, has led to tensions between Member States and has coloured the public debate about the value of EU spending and the benefits of EU membership itself.

Against this backdrop, the review will take a close look on whether and to what extent the various correction mechanisms which have emerged and their underlying principles are still justified. A consensus on spending priorities could already facilitate a reform of the EU own resources system It is also in this context that possible alternative own resources should be examined very carefully, taking into account the national sovereignty on fiscal policy and, for instance, the cross-border mobility of some tax bases and the impact of such resources on related EU policies.

What principles should underpin the revenue side of the budget and how should these be translated in the own resources system?
Is there any justification for maintaining correction or compensatory mechanisms?
What should be the relationship between citizens, policy priorities, and the financing of the EU budget?

¿Cómo se desarrolla el presupuesto de la UE?

A continuación un breve resumen de lo que es la actividad presupuestario (ver otras entradas específicas para mayor desarrollo de esta cuestión).

Finalidad:
En primer lugar cabe decir que el presupuesto europeo debe basarse siempre en un gran consenso, y tiene su justificación en financiar actividades que el conjunto de los Estados miembros y parlamentos han definido de común acuerdo en los Tratados.

Un reducidísimo porcentaje, apenas el 1 % del PIB de la UE, lo que equivale aproximadamente a 235 euros per cápita, se destina al presupuesto anual de la UE.

Su sentido inicial es la mejora de la cohesión interna, el desarrollo de las zonas perjudicadas, etc. y en este sentido se financian sobre todo actividades de ámbito rural (la famosa PAC), regional, estructural, medioambiental, etc. aunque se invierte también en desarrollo del espacio de libertad, seguridad y justicia sin fronteras interiores. Una parte del presupuesto comunitario se destina a la ayuda humanitaria y el desarrollo económico en el mundo.

Democracia:
Las programaciones de gastos anuales se negocian entre el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros sobre la base de una propuesta de la Comisión. El presupuesto cubre la financiación de todas las instituciones de la Unión. Fija los ingresos y los gastos previstos para el año, enumera todas las actividades que deben financiarse y establece el total de los recursos disponibles en términos de dinero y personal para cada una ellas, y además especifica los actos que autorizan las distintas acciones.
A veces la ejecución de las actividades requiere un acto legislativo comunitario propuesto por la Comisión y aprobado por la autoridad legislativa, o sea el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros conjuntamente.

Dimensión:
Los ingresos y gastos presupuestarios se limitan en virtud de un acuerdo, quedando los gastos limitados por el Tratado, de modo que el presupuesto de la UE no puede presentar jamás déficit alguno. Los ingresos proceden de tres fuentes principales: los derechos de importación, una parte de la base IVA de cada Estado miembro y una ulterior contribución de los Estados miembros calculada en función de su producto interior bruto (PIB).
El importe que puede ponerse a disposición de la Unión está sujeto a unos límites en virtud de un acuerdo de los Estados miembros y de los parlamentos. Este límite máximo equivale actualmente al 1,24% del producto interior bruto de la Unión para los pagos efectuados con cargo al presupuesto comunitario.

Frente a esto, cerca del 45% del producto interior bruto de la Unión se destina a los gastos públicos nacionales, regionales y locales de los Estados miembros.

Los gastos de la UE están asimismo limitados por un acuerdo plurianual celebrado entre los miembros del Parlamento Europeo, el Consejo de Ministros y la Comisión Europea. Este acuerdo contiene un Marco financiero plurianual. Actualmente existe un Marco que cubre el período 2007 a 2013.

Gestión:
La Comisión es responsable de la ejecución del presupuesto pero comparte muchas de las tareas de gestión con los Estados miembros. Un acto jurídico comunitario - el Reglamento financiero – acordado por los Estados miembros define las normas aplicables a la hora de solicitar, presupuestar y utilizar los recursos de la UE. Todos los ingresos y gastos deben contabilizarse. Se elaboran estados financieros que reflejan el activo y el pasivo de la Unión y se lleva una contabilidad general y presupuestaria.

El personal de la Comisión está en gran medida organizado en lo que se conoce como Direcciones Generales (DG), cada una las cuales trabaja a las órdenes de un Director General. Los miembros del personal de las DG gestionan los programas y actividades de la UE en sus respectivos sectores, con la eventual colaboración de sus homólogos en los Estados miembros.

Las auditorías corren a cargo de auditores internos y externos (como el Tribunal de Cuentas Europeo). Anualmente, los Directores Generales deben redactar un informe en el que dan cuenta del trabajo de sus Servicios y de la utilización que se ha hecho de los recursos puestos a su disposición. Estos informes de actividad anuales se presentan a los miembros de la Comisión y se transmiten en forma de resumen a la autoridad presupuestaria, es decir, al Parlamento Europeo y al Consejo de Ministros, antes del 15 de junio siguiente a cada ejercicio presupuestario.

La Comisión es responsable ante el Parlamento de la utilización del presupuesto de la UE
Los informes anuales de los auditores internos y externos sobre la gestión de los fondos de la Unión se transmiten al Parlamento Europeo y al Consejo de Ministros. Anualmente, en el marco del procedimiento conocido como de aprobación de la gestión presupuestaria, la Comisión Europea y las restantes instituciones de la Unión deben responder ante el Parlamento Europeo por la utilización hecha de los recursos puestos a su disposición. La Comisión tiene a su cargo realizar un seguimiento de las conclusiones extraídas y de las recomendaciones formuladas en el marco del citado procedimiento por el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros. El Parlamento, el Consejo y el Tribunal comprueban la efectiva realización de dicho seguimiento.

jueves, 10 de abril de 2008

El reparto de poder en la UE tras el Tratado de Lisboa

En el Tratado de Lisboa se clarifica en parte el reparto competencial, para entender quién es responsable de qué políticas. Este aspecto es clave para la democratización europea, ya que refuerza la responsabilidad en distintos niveles.

1) Principios del reparto competencial:
* La UE ejerce con plenitud las competencias que los EM le ceden en el Tratado de Lisboa.
* Las no especificadas permanecen bajo el mando de los EM.

El principio de poderes conferidos garantiza que la UE no puede aumentar sus competencias a expensas de los Estados sin el previo consentimiento de éstos. Lamentablemente hay que destacar que este Tratado reconoce la posibilidad de que los EM recuperen competencias ya delegadas a la UE, retroceso notorio en el camino federal.

2) Tipos de competencias:
a) Exclusivas de la UE:
- Fronteras de la UE.
- Establecimiento de las reglas de competencia para el funcionamiento del mercado interior.
- Política monetaria de los EM donde está vigente el euro.
- Conservación de los recursos naturales del mar.
- Política comercial común.
- La conclsuión de cualquier acuerdo interno en el marco de un acto legislativo de la UE, o cuando es necesario para el ejercicio de una competencia interna, o bien sea posible que las reglas comunes se vean afectadas o su rango modificado.

b) Compartidas, cuando los EM las ejercen si la UE no lo hace:
- Mercado interior.
- Política social según lo definido en el Tratado.
- Cohesión económica, social y territorial.
- Pesca y agricultura, excepto la conservación de los recursos del mar.
- Medio ambiente, protección del consumidor, transporte, redes transeuropeas, energía.
- Área de libertad, seguridad y justicia.
- Asuntos de seguridad relacionados con la salud pública, según define el Tratado.
- Investigación, desarrollo espacial.
- Cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria.

c) Exclusivas de los Estados miembros:
- Industria.
- Cultura.
- Turismo.
- Educación, formación profesional, deporte, juventud.
- Protección civil.
- Protección y mejora de la sanidad.

Los EM coordinan sus políticas económicas y de empleo mediante los mecanismos de coordinación, y que existe un régimen especial para la política exterior y de seguridad.

3. Nuevas competencias que adquiere la UE:

* El Tratado de Lisboa no otorga nuevas competencias exclusivas a la UE.
* Otorga nuevas competencias compartidas:
- Espacio y energía.
- Acción de soporte y complementaria en protección civil, propiedad intelectual, turismo, deporte y cooperación administrativa.

En estos casos se aplica el procedimiento legislativo ordinario (CODECISIÓN, entre el Parlamento y la mayoría cualificada del Consejo de Ministros)

* Además potencia el papel de la UE en ciertas áreas, sobre todo en libertad, seguridad y justicia, y en términos de defensa y acción exterior.

* Abre la puerta a una futura política energética europea, porque permite a la UE: legislar para armonizar el mercado energético; mejorar la seguridad de las fuentes de energía de los EM; promover el ahorro energético y el desarrollo de nuevas formas de energías renovables.

4. Papel de los Parlamentos nacionales:
* Define el papel de los Parlamentos, que comprobarán que las competencias se comparten realmente, gracias al mecanismo de "alerta precoz" (early warning) que:

- Los Parlamentos podrán alertar cuando el principio de subisdiariedad esté en riesgo de ser violado por las instituciones europeas.
- La Comisión deberá revisar toda propuesta que supere 1/3 (o bien 1/4 en el área de Interior y Justicia) de opiniones negativas por parte de los Parlamentos nacionales.

* Admite la posibilidad de que los Parlamentos nacionales recurran al Tribunal de Justicia en relación con cualquier incumplimiento o violación del principio de subisdiariedad.

Cambios inminentes en el organigrama europeo

Están a punto de producirse nombramientos cruciales en la marcha de la UE. Entre este año y el próximo se nombrará el presidente de la Comisión de la UE, el presidente del Consejo Europeo y el Alto Representante para exteriores.

Desde mi punto de vista deben evitarse estos nombramientos antes de las elecciones de 2009.
El problema de base es que el Tratado de Lisboa es ciertamente ambiguo y deja margen a la improvisación. De hecho todavía no está clara la dimensión del Consejo Europeo, ni tampoco queda bien definido su papel. Desconocemos si la sede del Alto Representante estará en la Comisión o en el Consejo .

Veremos como esta implementación será en realidad un proceso oculto a la opinión pública, sin embargo el resultado será vital para ver si nos encaminamos hacia una Europa federal, o seguimos con el intergubernamentalismo. Lo positivo desde el punto de vista federalista, sería que la representación exterior estuviera lo más próxima posible a la Comisión y minimizar el efecto de un presidente fuerte sobre una Comisión debilitada por un exceso de comisarios y unos recursos escasos.

Nunca dejaré de insistir en la importancia de que la Comisión sea un verdadero Ejecutivo. En este sentido me parece un error que se perciba que el presidente de Europa es en realidad el presidente del Consejo Europeo, porque este no tiene control democrático directo, éste simplemente debería presidir las reuniones, sin intervenir en el trabajo de la Comisión. Por tanto, la máxima representación debe caer en el presidente de la Comisión como líder visible. En cuanto a política exterior, es obvio que el actual y desvirtuado Mr. PESC debe convertirse en un ministro de Exteriores comme il faut y trabajando codo con codo con la Comisión.

Volviendo a las elecciones del año que viene, lo deseable desde el punto de vista democrático, es que cada partido político nos dijera quién es su candidato a presidir la Comisión, así como detallar en sus programas su compromiso con el constitucionalismo europeo. No es descartable también un cierto riesgo de que el nombramiento del presidente de la Comisión antes de las elecciones europeas de 2009 desmotive la participación en dichas elecciones, ya de por sí poco estimulantes para la ciudadanía europea.

Tras las elecciones, lo lógico es que el Parlamento Europeo diera su visto bueno al presidente de la Comisión y al ministro de Exteriores elegidos, por ello su nombramiento debería ser posterior a las elecciones, de lo contrario estos cargos estarán sometidos al juego de negociación entre los Jefes de Estado, algo que nunca me cansaré de denunciar, pues erosiona la credibilidad de la Unión Europea como unidad política, y de hecho va contra el mandato del propio Tratado de Lisboa en favor de esa unión.

lunes, 7 de abril de 2008

Un caso práctico de la utilidad de la Comisión Europea para los consumidores catalanes

Hace un par de días ha saltado la noticia de que Bruselas ha llevado los tribunales la ley catalana de Comercio, la conocida como Ley Catalana de Equipamientos Comerciales, aprobada por el Parlament catalán en noviembre de 2005. Esta ley viola el art. 43 del Tratado que regula la libertad de establecimiento de las empresas

De hecho, desde el punto de vista del libremercado, o de la igualdad de competencia por decirlo claro, se podía detectar que esta ley no se ajustaba a los criterios de libertad de establecimiento. Bajo la bandera de un modelo de comercio urbano y sostenible, no nos engañemos, se ocultaba una perenne voluntad de proteccionismo de los comerciantes, y es que lo cierto es que existe desde hace tiempo una especie de "lobbyismo" de los botiguers en Catalunya, que sin duda atenta contra la libertad y perjudica al consumidor en el fondo. El argumento de que los comercios tienen una función social en la planificación urbanística que ha defendido el gobierno catalán no ha convencido a Bruselas. Incluso Bruselas se queja de que es totalmente irregular que en el proceso de decisión, directa o indirectamente, aparezcan partes con intereses económicos en el mercado afectado por la ley en cuestión.

En cuanto a mi punto de vista, que es el del consumidor, creo que estas leyes intervencionistas son altamente perniciosas, pues en realidad lo que el consumidor necesita es producto, servicio y precio competitivo, en este sentido las grandes superficies son un beneficio claro. Si el pequeño comerciante no puede competir debería buscar otras alternativas de negocio, tal como hacen los pequeños empresarios a quienes nadie defiende de la amenaza de las grandes multinacionales. Por ello tal vez el pequeño comerciante deba optar por otras soluciones: incrementar sus horarios (contratando a personal por turnos), encarecer su producto (el consumidor que valora la proximidad estará dispuesto a pagar un sobreprecio), o recurrir a una oferta de mayor calidad (mismo argumento que el anterior).

No obstante, hay que esperar, pues el Tribunal de Justicia de la UE puede tardar más de dos años en fallar sobre el caso. Acertadamente, el comisario europeo de Mercado Interior, Charlie Mc-Creevy, no acepta que dicha ley imponga obstáculos a las empresas para establecerse. McCreevy critica que las compañías tengan que superar un proceso de autorización "particularmente complejo y restrictivo" basado en criterios que no son lo suficientemente objetivos, como son las necesidades del mercado o el impacto que tendría la apertura de una gran superficie en los comercios ya existentes.

domingo, 6 de abril de 2008

Cómo construir una Europa Federal


Conocemos bien la estrategia de Jean Monnet y todo lo que estaba implícito en la Declaración de Schuman, encaminada a crear solidaridades de hecho para hacer avanzar la integración. Sabemos de la idea de Monnet de ir construyendo Europa gradualmente, de acuerdo con la fuerza de las necesidades, que irían forzando la integración como una necesidad. Ésta teoría encuentra su reflejo en el ámbito académico en el pensamiento funcionalista, y en este ámbito teórico el funcionalista Ernst Haas sentará las bases de cómo se construyen entidades supranacionales a partir de solidaridades de hecho. No obstante la Declaración de Schuman tiene elementos claramente federales, algo que explico en mis posts sobre la historia de la UE, y que vieron un reflejo luego en las estrategias de los federalistas europeos, como Spinelli o incluso Delors.

Además de los muchos argumentos expuestos en mi visión histórica de la construcción europea, me parece interesante aportar al debate la visión española, y en este sentido puede aportar luz la reflexión que hizo hace casi un siglo José Ortega y Gasset, quien advertía de un hecho que debía conducir a la creación de una nación europea: por un lado que los pueblos europeos han convivido siempre juntos con un grado elevado de interdependencia, y por otro que esta interdependencia produce la existencia de un poder público europeo, o la necesidad de concertar las decisiones.

Siguiendo la tesis de Ortega hablar de soberanías nacionales carece de sentido, y por ello él preconizaba la creación de un ente que encarnara ese poder público europeo: los Estados Unidos de Europa. La lógica de la interdependencia ha sido en realidad el motor del pensamiento europeísta desde hace casi un siglo. Los grandes europeístas han observado sistemáticamente la mutua dependencia entre los estados europeos y han creído que potenciando esta fuerza se puede avanzar hacia un mayor grado de cooperación.

La Unión Económica y Monetaria es la gran culminación de la cesión de soberanía en forma cooperativa entre los Estados miembros. No obstante, desde hace años vienen registrándose críticas hacia la legitimidad de las decisiones a nivel europeo, hay un cierto déficit democrático, un problema de representatividad del poder público representado por las instituciones de Bruselas. Sinceramente yo, como ciudadana europea, no siento un control directo sobre la toma de decisiones en Bruselas y Estrasburgo.

Existe una asimetría en la percepción de la legitimidad de las instituciones nacionales y las europeas, y así sería complicado identificar una opinión pública europea, existiendo más bien una pluralidad de opiniones nacionales, o sea intergubernamentalismo puro y duro.

Reconozcámoslo, aunque ha habido avances hacia un federalismo, sobre todo en la política económica, el sistema por el que el poder público europeo toma decisiones no es a través de un debate único entre europeos que transmite sus resultados a un gobierno europeo, sino un conjunto de 27 debates que transmiten sus preferencias a los distintos gobiernos y representantes, quienes a su vez intentan conciliarlas a nivel europeo mediante la negociación intergubernamental. Pero, a diferencia de las negociaciones que se pueden llevar a nivel nacional en un parlamento entre grupos políticos, las negociaciones europeas no son vigiladas por la opinión pública.

A diferencia del nacional, donde la clave es la búsqueda del interés general, el contexto intergubernamental es percibido como un juego de suma cero donde los gobiernos luchan por sus propias preferencias. Este sería por ejemplo el famoso mercadeo al que aludo cuando hablo de las negociaciones presupuestarias en el Consejo.

Contrariamente a lo que profetizaba Ortega no existe un genuino poder público europeo, ni un interés público europeo. La cuestión es que por ahora Europa no es un Estado-nación. Lo cierto es que históricamente la nación ha sido el corazón del Estado, ha sido el soporte sobre el que se asienta cualquier Estado y se percibe como un ente orgánico unido por las fuerzas de la historia en un destino común. Los siglos de historia, la lengua o la tradición parecen tener un peso excesivo, esas señas comunes de la nación dan a las personas un sentido de pertenencia, de este modo mucha gente considera que Europa no es una nación y por lo tanto cualquier producto político será un producto ilegítimo. Europa ha sufrido guerras comunes y se caracteriza por una diversidad cultural y lingüística, no existe una auténtica demos. Ortega criticaba esta visión nacionalista e historicista.

A mi entender el pasado no debe jugar un papel determinista y debemos proyectar hacia futuro. El problema de la tesis nacionalista es, como apuntaba Ortega, que tiene a la historia en su contra. Normalmente los Estados preceden a la existencia de las naciones en sentido nacionalista. La historia, lengua y cultura común vienen a posteriori de la creación de una entidad estatal y no la preceden. Ortega observaba que de haberse apoyado en el pasado, Francia, Alemania e Inglaterra no habrían surgido como Estados.

La historia sin embargo muestra que las naciones nacen y mueren en situaciones concretas que en general son más o menos sistematizables. Ortega defendía que lo fundamental para una nación era la voluntad de hacer algo juntos. No lo que fuimos en el pasado, sino lo que vamos a hacer mañana juntos nos reúne en Estado. Es el proyecto sugestivo de vida en común, el programa nacional el que debe tener sentido. Ésta es también la perspectiva de la ciencia política moderna para la que los Estados no son entidades espirituales de carácter psicohistórico, sino mecanismos centralizados de provisión de bienes públicos y de organización de la vida en común.

El mundo contemporáneo presenta una paradoja. Mientras que la conciencia nacional desparece en todos los lugares del mundo y a menudo se fragmenta, los Estados modernos continúan ejerciendo el poder. Esto sugiere que existen fuerzas distintas de la conciencia nacional que mantienen unidos a los Estados. Por otro lado, desde el punto de vista del individualismo metodológico, la nación no es una entidad espiritual con vida propia, sino sólo un conjunto de individuos con intereses personales y privados. La democracia no es una forma trascendente de vida en común, sino una forma de agregar preferencias potencialmente en conflicto. Las naciones son actores colectivos, se forman por accidentes históricos y una vez formadas tienden a consolidarse en un equilibrio de intereses. Pero, estos accidentes históricos no son naturales, sino el producto de acciones de individuos que como todos los demás maximizadores de utilidad, responden a incentivos.

El institucionalismo histórico, y Douglass North en concreto, explicaba las instituciones como mecanismo de cooperación que una vez creados podían perpetuarse a lo largo de la historia a pesar de ser subóptimos en su forma, pero cuando el coste de progresar hacia un nuevo equilibrio es menor que el de mantenerse en el actual, se produce un cambio institucional.

Mi idea es que las instituciones son importantes, y que el cambio hacia una Europa Federal debe realizarse institucionalmente. Si somos capaces de entender qué incentivos deben coincidir o estar alineados para que surja este equilibrio podemos crear y hacer desaparecer naciones. Es cierto que los costes de moverse de un equilibrio nacional (el status quo) a otro pueden ser costosos, pero no es imposible y debe tenerse en cuenta los beneficios a largo plazo.

La UE carece de legitimidad, y esto es debido en parte a que los ciudadanos no participan -no sólo en términos de voto, sino también de vigilancia a través de los medios de comunicación, de debate público, etc.- en el proceso político y por esa razón lo perciben de forma ilegítima. La baja participación puede explicarse por la lógica de la satisfacción de preferencias. Desde el punto de vista nivel individual, dadas unas preferencias y unos recursos, es racional no participar por:

a) la falta de intereses comunes a nivel europeo. La UE trata de asuntos como regulación, política comercial donde el consenso es más o menos amplio. El presupuesto europeo es relativamente pequeño y por lo tanto la UE tiene una capacidad redistributiva muy débil. Esto hace que participar a nivel europeo tenga unos réditos muy débiles;

b) los costes de participación son altos. En la medida en que la cultura política (entendida como la existencia de una lengua común, unos ejes de confrontación, etc…) es algo que reduce los costes de la participación, y que la cultura política europea es distinta de la que los ciudadanos conocen, participar es complicado. El ciudadano europeo está acostumbrado a sus temas de debate nacionales en sus instituciones nacionales. Esta cultura política se forma a través de los medios de comunicación y el sistema educativo. En la medida en que el esquema institucional europeo es muy distinto del nacional, que los temas de debate difieren, que no existe una lengua común ni unos medios de comunicación comunes, participar es individualmente costoso para el ciudadano europeo;

c) los recursos de legitimación de la unión son débiles en los espacios públicos nacionales. Los políticos nacionales vienen usando la UE como chivo expiatorio desde hace treinta años para justificar sus propios fracasos políticos. Sin embargo, dado que las instituciones no pueden justificarse (haciendo declaraciones, esgrimiendo una legitimidad democrática) esto reduce la capacidad de legitimación de la Unión. Este es el famoso comportamiento parasitario en que un nivel de gobierno culpa al otro de los fracasos.

Si los réditos son débiles y los costes son altos, el resultado es previsible: la participación será baja y la legitimidad también. Sin embargo, bajo la óptica institucionalista, ninguno de estos factores (los costes y los beneficios de la participación) son una fatalidad.

Ya que somos capaces de explicar su origen, podemos pensar las condiciones bajo las cuáles serían distintos: reduciendo los costes de participación, aumentando lo réditos e incrementando los recursos de legitimación de la UE.

1. Aumentar los beneficios de la participación: la primera forma de progresar hacia la construcción de los Estados Unidos de Europa es aumentar las competencias de la UE. Cuando los ciudadanos empiecen a entender que sus empleos, su nivel de renta y su bienestar dependen en buena medida de las instituciones europeas, comenzarán a interesarse por el debate a nivel europeo. Esto aumentará la participación que a su vez aumentará la legitimidad.

2. Reducir los costes de la participación: aumentar los réditos de la participación para el ciudadano no sirve de nada si no se le dota de capacidades para entender el proceso político europeo. Un aumento de competencias debe ir acompañado de un aumento de la legitimidad. Una primera medida sería simplificar el funcionamiento de las instituciones europeas. Una segunda medida sería el fomento de una cultura política europea, es fundamental que en la educación se enseñe el funcionamiento de las instituciones, asimismo en los espacios de debate nacionales deberían tratarse temas europeos (en los parlamentos nacionales debatir las comunicaciones europeas, por ejemplo). Una tercera medida que se me ocurre (aunque sea políticamente incorrecto decirlo) es fomentar una lengua común, que en el caso de Europa, debería tratarse indudablemente del inglés.

Todo esto propiciaría que los europeos llevaran a cabo un proceso de decisión político único a nivel europeo, con unos medios de comunicación comunes y un Parlamento común.

3. Aumentar los recursos de legitimación de las instituciones europeas: las instituciones europeas deben ser capaces de legitimar su acción. Permitir a los miembros de las instituciones, por ejemplo, comparecer ante los parlamentos nacionales para justificarse a nivel nacional. Obligar a debatir las decisiones europeas en el entorno nacional reduciría la indefensión de la Unión ante las oligarquías políticas nacionales ya que les otorgaría una capacidad de defensa. En este sentido, sería deseable incrementar los vínculos entre los parlamentarios nacionales y los parlamentarios europeos. Volviendo al anterior hilo argumental, lo que caracteriza a un equilibrio de Nash, como lo es un equilibrio institucional, es el hecho de que está sostenido por las expectativas de la acción de los individuos.

Las instituciones se adaptan las unas a las otras y se autorrefuerzan. Una de las razones por las que la UE ha fracasado en su intento de aumentar su legitimidad es que sólo ha intentado hacerlo mediante la reducción de los costes de la participación.

Se ha aumentado la transparencia y simplificado el proceso de decisión a nivel europeo y sin embargo la UE sigue siendo impopular (fracaso en los referenda constitucionales en Francia y Holanda). El problema es que se han obviado las dos medidas: aumentar los recursos de legitimación de las instituciones e incrementar el beneficio de participar. Sólo combinando las sinergias de estos aspectos es posible continuar construyendo Europa como genuino proyecto nacional.

El institucionalismo histórico nos da también algunas pistas para la forma y el ritmo en que debe hacerse este proceso. Mientras que aumentar las competencias de la UE o reforzar los recursos de legitimación de las autoridades europeas es sólo una cuestión legislativa, empezar a adaptar nuestro sistema educativo a la forja de una cultura política europea, enseñar una lengua común, una historia y un conjunto de tópicos políticos comunes hasta que esto se transforme en una único cultura europea, es un proceso lento y relativamente largo. Antes de todo ello, se hacen necesarias medidas políticas, combinar un aumento de competencias, y crear los incentivos para esa cesión de poderes.

Los mecanismos de ingeniería institucional pueden y deben modificar la situación. Los federalistas debemos esforzarnos por militar a favor de los Estados Unidos de Europa, como ya hicieran los federalistas americanos, recurriendo a mecanismos institucionales, constitucionales, y empujando a la reforma en todas las direcciones, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba.