miércoles, 29 de agosto de 2012

De la eurocrisis hacia ninguna parte

A día de hoy ya no hay ciudadano en este continente al que la eurocrisis no le haya dejado un rasguño importante, bolsillos notablemente más vacíos, una dolorosa sensación de miseria y un futuro difícil. Probablemente hace años que los europeos somos más pobres de lo que nunca creímos. A estas alturas nadie se atreve a negar que son montañas de deuda individual y colectiva las que se acumulan. Que las estamos pagando, y las pagaremos hasta el último céntimo. Y más caras a partir de este sábado, con la subida del IVA en nuestro país. Más impuestos que empeorarán las cosas (como en Portugal, donde el incremento del IVA en 2011 se tradujo en menor recaudación). Pero ni eso, ni los sustos de la prima de riesgo, ni el otoño infernal que nos auguran, ni los titulares diarios anunciando el naufragio del euro me trae tan en vilo como el hecho cotidiano de ir a llenar el depósito de gasolina (mientras se pueda) y cumplir con el deber de la cesta de la compra.

La noticia que más me ha preocupado de los últimos días apenas se ha destacado en la prensa generalista. El ciudadano de a pie, que se había habituado a adquirir packs gigantes en el súper para economizar, observa ya sin perplejidad que el monedero de ahora no da para más que para minidosis estilo subsistencia.

No es percepción mía, así lo constata la multinacional anglo-holandesa Unilever que, siguiendo la práctica comercial dominante en el continente asiático, está reduciendo las medidas de productos como puré, mayonesa, tomate frito e incluso champú y detergente (afirman que en España están triunfando los paquetes para sólo cinco lavados). Lo observo en mi propio supermercado. Los carros llenos y lozanos son cosa del pasado. Concluyo que la crisis nos está poniendo a dieta forzada.

Aterrada, doy fe de la velocidad con la que nos hemos vuelto todos así de pobres, aunque yo fui siempre del tipo optimista, de las que creí contra viento y marea que las finanzas europeas se repondrían por sí mismas atendiendo a los ciclos caprichosos de la naturaleza económica.

Hay alguien muy cercano que, en tono sombrío, viene meses anticipándome que España corre hacia los años sesenta. Es como si tuviéramos que volver a repetir las agrias experiencias por lo que pasaron nuestros padres, pagar todo lo que se debe, vaciarnos los bolsillos y empezar de cero. No lo niego, lo acepto, pero no me parece justo. Porque es claro que lo que aquí no se está contemplando adecuadamente es que hay víctimas y villanos. A los mileuristas de este país no se les puede acusar de haber vivido por encima de sus posibilidades.

Probablemente esa gran masa de trabajadores y de autónomos que están sosteniendo este país tiene su réplica en los otros países de la Eurozona. Sin embargo, con impotencia, constatan su imposibilidad de ejercer ningún tipo de influencia sobre el decisor político.           

Paradójicamente, esa ciudadanía europea, en lugar de reaccionar exigiendo la articulación de un discurso común y exigente frente al intergubernamentalismo paralizante, puede caer en el retraimiento, cuando no euroescepticismo.

Lo estamos viendo. Desde que estalló la crisis de Lehman en septiembre de 2008, ese fenómeno de incomodidad se ha agigantado y se ha traducido en desconfianza del ciudadano hacia el líder político. Desconfianza tan monstruosa como los agujeros que tenemos que tapar entre todos.

Por ello no sorprende que los mercados e inversores sufran también ese síntoma de desconfianza hacia ciertos gobiernos. No es equitativa la incapacidad de influir de un ciudadano de a pie frente a la capacidad de un agente del mercado como es el inversor, que sigue especulando y condicionando la capacidad de financiación de media Europa (periferia del euro) según su percepción de gobierno de turno, el desgaste político y un coste de oportunidad exacerbado por la indecisión del BCE.

Es decir, los mercados, si bien utilizan una estrategia de especulación que es legítima, están abusando de la situación de parálisis política, y con ello degradando la situación hasta extremos que van más allá de la irresponsabilidad política (que la habido) de distintos gobiernos de todo color en la era del endeudamiento loco.

De seguir así, el ciudadano europeo, pasará de ser pasivo a dar la espalda al proyecto, cuando la miseria parece ser el precio para salvar la moneda única, y nadie es capaz de contradecir ese (tergiversado y populista) discurso. No podemos vivir en crisis de perpetua desconfianza, y si se trata de volver a la Europa de nuestros padres, hagámoslo cuanto antes. Aquella Europa tenía un destino y pintaba un futuro esperanzador. Pero, en tono de súplica, pido a los líderes de la Unión que se dejen de declaraciones, Consejos hasta altas horas de la madrugada e indefinidas huidas hacia adelante, que por ahora se nos antojan huidas hacia ninguna parte.

 

jueves, 16 de agosto de 2012

Amid EU crisis, public support for the euro has not declined in Spain


Spanish government has been announcing draconian measures since Rajoy is in office, from last December. These measures include strong cuts, but also rises in sales taxes (regular VAT will be increased from 18% to 21% in September), hitting consumer spending and punishing the middle-classes (unemployment benefits will be reduced after the first six months). Spanish people feel that these restrictive measures may have worked for Germany back in 2002, but Germans were not in the middle of a recession then. Spaniards are finally facing the truth, and with some reluctance are accepting that their country’s dire state of economic affairs will take some time to overcome. After witnessing the suffering experienced by their European neighbours, Spanish citizens have also accepted significant tax increases and the overall deterioration of their household economies with stoic resignation. How long will it take?

Spaniards have long accepted that political unpleasant measures in Spain are a direct imposition by Brussels. On July 19th the Bundestag approved the Spanish bailout with large majority. This bailout will help recapitalize Spanish Banks, which are suffering the consequences of a bursting housing bubble. In the meantime, yields on Spanish bonds are still jumping in an unsustainable manner. In spite of budget cuts, the economic slowdown has had a negative impact in the government’s ability to finance itself. Financial markets seem not to trust Rajoy’s government, something that has probably to do with Ecofin’s decision on July 10th to ease Spain’s deficit target to 6.3 of GDP.

Certainly, Spaniards in the street are not that concerned about the premium risk, but one can easily notice there is a general feeling of disappointment, for unemployment remains at 24% and there seems not to be any stimulus to correct this. People ask themselves if this bailout to Spanish banks will do any good to their economies, for the bailout money will be a restructuring fund available for banks to alleviate their debts. Citizens are more sceptical when it comes to the idea of banks easing access to credit and loans for families and small companies.

The truth is that some of the Spanish saving banks will give up control and maybe some customers will have to suffer losses. In a context of austerity and restrictions this may feed popular resentment against Spanish loss of sovereignty. Rajoy says there is no quick fix for Spanish economy, so maybe years of austerity are ahead of us. National economic indicators continue to confirm an even more painful future with record-high unemployment.

However, Spain’s exports have shown positive signs, not to mention the fact there is a growing underground economy. Ideally, the government should switch the incentives that would promote self-employment when companies are not hiring, and make it easier for people to take on risks. However, that would require lowering taxes, which is the opposite to the government’s current program to decrease the deficit.

Furthermore, so far Spaniards are not blaming Europe nor they are regretting this loss of economic autonomy, for they are growingly convinced that Spanish situation is the consequence of an inadequate political & banking establishment coupled with crony capitalism. It is worth mentioning that nobody can predict what Rajoy’s plan for the country is. If you add a certain degree of uncertainty to this general revolting feeling against political class, people keep asking themselves: What next?

As for the role of Germany, commonly Spanish newspapers attribute to German voters a strong reluctance to bailout countries in trouble. In parallel, some economists and analysts tend to blame Germans for ECB’s monetary orthodoxy and an obsessive fear of inflation. However, Spanish public opinion is not truly divided over Germany. The vast majority of them think Germany has the moral and political debt to help Spain for Germans are the most benefitted by the single currency, during the good years via exports and now having access to easy financing. Others admit that the reluctance of some German citizens to bailout is a logical reaction as taxpayers.

But the truth is that people are not really split on this matter; the idea most widely accepted in Spain is that German people are more pro-European even that the Spaniards or anybody else in Europe. Many people have the perception that the euro is a German construct and in Spain, people mostly think Merkel has done a good job to keep the euro alive in hard times, avoiding a drive into the abyss. So far, public support for the euro has not declined in Spain.

What people dislike about EU politics is the use of grandiloquent statements or the idea that governments do something simply because it has to be done, without reasoning or arguments. Actually, it is difficult to predict if commitments to the EU, the full loss of budgetary control and so on, could foster a public reaction other than current resignation.

Today, however, it is crucial to understand the relevance of Spanish banking and political corruption behind this support of Spanish people to the European project. In a certain way, Spaniards trust (or need to trust) more in the “troika”, let’s say Brussels or Bonn than in national banking and political authorities that were unable in the past to predict and avoid the current situation. As for the positive vote in the Bundestag, clearly Merkel has now the freedom to act and do what has to be done for the sustainability of the single currency. But the most important thing is that this vote may turn Spanish people to believe in European solidarity again.

* My original article was published in German here