martes, 25 de septiembre de 2012

¿Qué Europa queremos?

La Comisión Europea en España ha abierto un debate público para recoger propuestas de los ciudadanos. Estas propuestas se expondrán este jueves 27 en Cádiz (en el Oratorio San Felipe Neri, lugar en el que fue proclamada la Constitución de 1812) a la vicepresidenta de la Comisión y comisaria de Justicia, Viviane Reding.

Es una oportunidad de oro para debatir. Así se ha entendido desde More Europe, que ha habilitado una aplicación de facebook donde se pueden votar y presentar las propuestas.

Se agradece la iniciativa, puesto que no sólo es una forma de crear un debate transnacional, sino la ocasión de manifestar nuestro malestar por las dificultades que detectamos y que afectan a nuestro desarrollo personal. Yo ya he presentado mi propuesta en particular. Está relacionada con una de las grandes carencias que observo y padezco, que es la dificultad que acarrea el no reconocimiento de las titulaciones académicas en todos los Estados miembros de la Unión, lo que complica enormemente la movilidad laboral.

También desearía que desde la UE se promoviera un currículo educativo común para toda la escolarización desde la Educación Primaria hasta el Bachillerato, de manera que los referentes mentales y culturales, y los sistemas de trabajo, fueran compartidos entre todos los estudiantes europeos, facilitando así la cooperación académica y laboral, y el crecimiento del conocimiento en un espíritu netamente europeo y diferenciador.

Para ello, se deberían promover los intercambios escolares entre Estados miembros, en los que se implicarían, además de los alumnos, también profesores y familias, no sólo facilitando las estancias breves y convivenciales en distintos países, sino también mediante la propia cooperación virtual en las aulas. 

Estas acciones entre escuelas deberían enmarcarse en una Ley europea de Educación que asegure la validez y reconocimiento de los programas educativos en toda la Unión. Primer paso para una ciudadanía europea más abierta y dispuesta a la colaboración y enriquecimiento mutuo por encima de las fronteras nacionales.

Os animo a participar y expresaros en aquel ámbito que os preocupe y en el que la Unión Europea siempre ha de tener algo que decir y hacer. ¡Suerte!

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La nueva ambición militar de Europa


Este lunes, 11 Estados miembros que forman el Grupo Future of Europe (Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Alemania, Luxemburgo, Holanda, Polonia, Portugal y España) han adoptado en Varsovia un Informe con sus conclusiones a los trabajos realizados durante siete meses sobre el camino político que debe emprender la UE.

Uno de los aspectos que preocupa es cómo se complicará la toma de decisiones en una UE de 28, tras la entrada de Croacia el próximo mes de julio. En este informe se apunta a una mayor integración y se abunda en la reforma de los tratados, aunque sin mucha precisión. En el plano económico se refuerza la tesis del gobierno económico y la unión bancaria con el BCE como único supervisor, aunque no hay unanimidad en la mutualización de deuda, donde se puntualiza que algunos miembros son contrarios.

En lo político, aunque todos son favorables a reforzar el rol del Parlamento, se apunta a la posible creación en la Eurozona de una cámara parlamentaria, ante la oposición polaca, que no pertenece a la UEM. También se propone la elección directa del presidente de la Comisión, pero se admite que dicho escenario es futurístico.

Donde sí hay consenso es en política exterior, en que se pide la adopción por mayoría simple en las decisiones en seguridad y Defensa, considerando la posibilidad de caminar hacia un ejército europeo.

Este aspecto es importante, puesto que este desiderátum coincide con una serie de importantes avances en el campo de la Defensa europea. La inclusión de la mayoría simple en el área de Defensa se entiende, en principio, como una voluntad de soslayar el veto británico. No en vano, algunos interpretan el acuerdo como una forma de presionar para la salida del Reino Unido de la UE. Entre las medidas propuestas se incluye un mercado único para la industria de la Defensa y un ministro de Defensa paneuropeo. Así como la creación de una política fronteriza europea y un visado único, aunque sólo algunos Estados miembros suscriben la idea de un ejército común. Si bien el compromiso es tibio, sí coinciden todos los Estados en el deseo de dotar de mayor musculatura a la política exterior común.

La presentación de este informe coincide con nuevas noticias sobre las discrepancias entre la OTAN y la UE. Un alto mando de la Defensa francesa y presidente del comité militar de la Unión Europea ha explicado en la Eurocámara que en ocasiones se producen roces entre la OTAN y la UE, poniendo como ejemplo la lucha contra la piratería en la costa somalí.

Sorprende que si bien cree que militarmente ambos organismos deben cooperar, reconoce que la UE es a menudo “el único actor internacional que las partes en conflicto aceptan como mediador”. No sin ironía, para un eurodiputado conservador británico esta declaración revela que la Defensa europea es un proyecto más político que militar. Para algunos diputados británicos, la UE debería centrarse en misiones de carácter más civil, dejando lo militar a la OTAN, pues consideran que se incurre en una duplicidad de funciones.

Estos roces reavivan un debate que parecía superado tras los acuerdos de noviembre de 2010Se ha sugerido que la Defensa europea no era viable por carencias presupuestarias y falta de financiación para armamento. 

La verdadera ironía de todo esto es que, mientras Alemania da un giro de tuerca a favor de la Defensa europea, que algunos interpretan como un pulso a los británicos, esta semana se está llegando a la parte final de la negociación sobre la fusión de la británica BAE con la franco-alemana EADS (European Aeronautic Defence and Space Company), que daría luz el mayor gigante armamentístico del mundo, cuestión de cientos de miles de empleos, pero también de prestigio.

Se trata de un objetivo ambicioso, que eliminaría la dependencia exterior en el campo armamentístico y facilitaría su estandarización, reduciendo costes y duplicidades en un sector totalmente fragmentado por Estados. Este es un largo proceso que ha estado fuertemente condicionado por la elite política, ante el recelo de Merkel sobre la posible pérdida de empleos alemanes de EADS en favor de franceses o británicos. Se estima que BAE tiene acceso a altos secretos de la Defensa estadounidense, por lo que se han visto persuadidos a aceptar una estructura dual con participación norteamericana.

Desde el punto de vista alemán, por un lado, es una gran oportunidad para reforzar las capacidades defensivas europeas, aunque recela de la pérdida de poder estratégico desde el punto de vista nacional, en la industria de la Defensa donde Alemania ha invertido tanto dinero público, algo que se deja ya notar en sus plantas bávaras, que han visto reducido su número de pedidos en favor de sedes francesas o británicas. El pacto contiene el compromiso de que no se cerrará ninguna planta alemana.

Este mismo sábado está prevista una reunión entre Merkel y Hollande para tratar el asunto de esta fusión, aunque en un tono muy distinto al que nos tenía acostumbrado el eje franco-alemán con Sarkozy. Intuyo que más allá de la fusión armamentística, Hollande deberá dejar claro a Merkel hacia dónde vira el péndulo francés en la resolución de la #eurocrisis, si se posiciona a favor de la periferia o acaba cayendo rendido a la ortodoxia de Frankfurt, que, dicho sea de paso, cada vez es menos ortodoxa. 

Francia es siempre un actor que da juego y nos coge con el paso cambiado en su política europea.

Se camina hacia una Defensa común, en un ámbito de gran sensibilidad soberana, y sobre el que poco se definen los tratados, quedando hasta ahora bajo el paraguas de la PESC, y concretadas en misiones humanitarias o de seguridad internacional. Baste mencionar que desde la creación en 2004 de los “Battlegroups” de acción rápida, no se han desplegado nunca. Por ahora, ningún Estado miembro ha renunciado a un ejército propio. Una vez más, la cuestión de fondo es cómo se dilucidarán las diferencias entre lealtades europeas e intereses nacionales.

viernes, 14 de septiembre de 2012

#SOTEU De las bajas expectativas al horizonte del federalismo político


Tras meses de sequía de noticias alentadoras, el día 12 nos deja una sentencia favorable del Tribunal Supremo alemán que viene a consolidar las declaraciones políticas de que el euro es irreversible. Ese mismo día nos trae una victoria de las fuerzas europeístas en Holanda, tras una mañana en que se había escuchado en la eurocámara el discurso del Estado de la Unión (por tercer año consecutivo) más beligerante de Barroso.
El presidente de la Comisión se supera y nos da el relato de una Unión en que la F de federal, no sólo ha dejado de estar vetada, sino que se plantea como el nuevo horizonte político. Para el presidente de la Comisión, más pronto que tarde, la UE se va a dotar de mecanismos democráticos para fraguar una federación de estados, que vaya más allá del sostenimiento de la moneda única y que aspira a establecer un nuevo espacio de soberanía supranacional. El anuncio puede ser tardío, pero se echaba de menos una Comisión que diera la cara sin complejos.
Barroso cree que la UE va más allá del mercado interior o la moneda única, y escarba en las opciones que permitan remontar el actual consenso implícito que se obtiene a través de los gobiernos nacionales.
No obstante, o tal vez justamente por su excesivo poder, fue muy duro en sus críticas a los gobiernos, a los que ha culpado de la prolongacion de la crisis por haber tomado decisiones inadecuadas en el pasado. En este sentido, y para evitar este tipo de problemas de gobernanza en adelante, marca la pauta para una reforma del Tratado cuanto antes. Fue en este punto cuando aludió a la creación de una esfera pública europea, de inspiración habermasiana, para seguir proponiendo una reforma estatutaria de los partidos políticos europeos para fomentar el debate político paneuropeo.
La Comisión ha ido ganando peso como poder Ejecutivo, sobre todo en el ámbito supervisor. Sigue dominando la agenda legislativa, ya que no olvidemos que ha sido la institución que dio el primer paso en la propuesta para la vigilancia de todo el sistema bancario de la UE. Para crear la unión bancaria no sería precisa una reforma de los Tratados y se crearía inicialmente con un condicionado de obligado cumplimiento para los miembros de la Eurozona, mientras que otros Estados miembros podrían adherirse bajo petición.
En el ámbito económico, Barroso anuncia, además de la unión bancaria, el lanzamiento de la Single Market Act II, y sigue insistiendo en medidas como el Impuesto sobre Transacciones Financieras, reconociendo que la unión bancaria es un pequeño paso para la superación de la soberanía nacional, pero nada tiene que ver con la unión presupuestaria o fiscal. En paralelo, la luz verde al MEDE del tribunal alemán asegura la sostenibilidad del euro, dotando de mayor capacidad política al Banco Central Europeo. Lo que no es óbice para que se eche en falta una nueva capacidad institucional, una definición más óptima y precisa entre instituciones, y de ahí la necesidad de un nuevo Tratado que recoja ese enfoque federalista. Resumiendo, la propuesta de Barroso va más allá de implantar medidas de emergencia para la resolución de las crisis, buscando una respuesta permanente y más ambiciosa y valiente.
A pesar de la instistencia en que el Parlamento sería piedra de toque en esa nuevo UE, el discurso recibió una respuesta algo tibia, ya que desde su propio grupo, el PPE, Daul se mostró reticente a la firma de un nuevo Tratado antes de las elecciones de 2014, e incluso le recriminó a Barroso "su excesivo ímpetu europeísta", lo cual no deja de ser paradójico; mientras, Swoboda, del grupo socialista, enfocó sus críticas en el ninguneo que practica el Consejo hacia el Parlamento.
Asimismo, el presidente del Parlamento Europeo, Schultz, aprovechó el momento para manifestar su malestar por la “desparlamentarización de Europa”, mientras que Verhofstadt replicó que lo que se necesita es “una Europa posnacional, una federación de ciudadanos, y no de estados-nación”.
Sin perder de vista en la necesidad de una UE de ciudadanos, a juzgar por las opiniones versadas, para unos, Barroso es demasiado federalista, para otros, se queda corto, pero en todo caso hay que estar muy atentos a las señales que nos llegan desde Bruselas (y también de Frankfurt y Draghi) porque la Unión Europea se está moviendo, y no parece una agitación pasajera.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Los nuevos aliados


Hoy jueves tenemos reunión mensual del Consejo del BCE en Frankfurt. La novedad es que -sincronías del destino- esta rutinaria, pero relevante reunión, coincide con la visita de Merkel a Rajoy, en Madrid. La cohorte de empresarios alemanes que sigue a la Canciller no viene precisamente a darse un paseo militar. Cuando hasta Barroso apuntaba (esta misma mañana en Bruselas) a la periferia de la Eurozona como la mayor fábrica de parados de la Unión, no son cortinas de humo lo que demanda el momento. Rajoy se empecina en no aceptar la humillación de la palabra rescate, mientras culpa, un tanto ambiguamente, al euro y no a la economía española, de la espiral en la prima de riesgo. La crisis ha revelado lo modesto del mandato del BCE y ha acabado por exacerbar las diferencias internas en Frankfurt, llevándose por delante a varios miembros alemanes del consejo del BCE, como Weber y Stark, e incomodando a algunos, como es el caso del actual presidente del Bundesbank, Weidmann.
A estas alturas de 2012, la canciller Merkel ya se suma abiertamente a la presión ejercida por Draghi, adoptando una actitud permisiva con respecto a la intervención del BCE en la periferia de la Eurozona, de modo que éste actuaría como prestamista de última instancia, superando el mandato de la estabilidad de precios que establece el Tratado. Tanto Draghi como Merkel serían, pues, aliados de Rajoy, apoyándole, eso sí, con estricta y mayor condicionalidad, es decir liquidez a cambio de reformas.
La falta de decisión del BCE ha sido achacada en parte, y en especial durante todo este tórrido verano, a las discrepancias entre Draghi y Merkel, algo que ha inquietado a los mercados con respecto al compromiso político del BCE con la deuda de la periferia. Con todo, es llamativo y revelador que, en el transcurso de estos dos últimos meses, Merkel se ha ido alineando con la posición de compra masiva de deuda periférica, ante la oposición persistente del presidente del Bundesbank, Weidmann, crítico con la compra de bonos soberanos en el mercado secundario, así como del representante alemán en el Consejo del BCE, Asmussen.

La posición alemana es, ha sido y, no sabemos si seguirá siendo, la de que la financiación de los gobiernos vía monetaria está terminantemente prohibida. Merkel, en cambio, ha jugado la carta del euro, a sabiendas de que la economía alemana no está para aventuras en solitario. A su vez, Draghi asegura que el BCE tiene la obligación de eliminar el “riesgo por convertibilidad”, un debate en apariencia técnico pero que tiene mucho de ideológico, ya que cualquier decisión implica una mutualización de la deuda, pero sobre todo de cesión del control político. Los gobiernos nacionales pierden autonomía política a velocidad de vértigo. Toda esta crisis está fraguando impensables alianzas, dando por amortizado el viejo eje franco-alemán como motor de la integración.