domingo, 28 de octubre de 2012

La crisis de los medios y el espacio público europeo


Una de las razones por las que los europeístas pedimos un espacio público europeo, es por considerarlo precondición para dotar de una voz pública a ese nivel de poder compartido. Otro motivo, y tal vez más esencial, es la garantía de la pluralidad y transparencia informativas, en un momento en que se padece de forma cruda la politización de los medios. Esta politización se alimenta de la crisis galopante del mundo editorial y periodístico, atenazado por el uso masivo (e indiscriminado) de la información en la red. La prensa escrita estaría ya exangüe de no haber mediado todo tipo de subsidios públicos. De ahí al sesgo hay un paso… y muy pequeño.

Como lectores, cuando pretendemos acercarnos a la realidad local y nacional, la tarea de contraste es ardua, pero ésta se convierte en titánica si rastreamos informaciones de lo que ocurre en otros países. Las noticias vienen, además, filtradas por barreras culturas y lingüísticas, tamizadas por el filtro del corresponsal, y revisadas por la línea editorial de marras. Falla la contextualización. Lo peor es que el prejuicio histórico-cultural, e incluso, social, todavía hoy, nos aleja del concepto del mass media paneuropeo.

Los más críticos con el movimiento europeísta suelen denunciar las tendencias al monopolio político e ideológico de Bruselas, a la que consideran una ciudad tomada por burócratas capaces de fagocitarlo todo para asegurar su subsistencia. Contrariamente, los monopolios en Europa han ido cayendo al amparo de la legislación comunitaria, siendo éste uno de los pilares del mercado único. La industria de la información tiene el mismo tratamiento, si bien, los Estado se cuidan mucho de proteger a los grandes emporios mediáticos, máxime cuando están a su merced, debido a esa crisis del sector.

No es casual el papel que desempeña la prensa escrita incluso en la elaboración de las agendas políticas, los tiempos que eligen los gobiernos para anunciar sus medidas, la elusión de ciertas palabras tabú (el famoso rescate que nunca llega para el gobierno español). La política va de la mano con los medios incidiendo sobre la psicología del conjunto de los ciudadanos.

Al uso político se suma la amenaza del monopolio (véase el caso Berlusconi). En la práctica, se considera que las leyes de competencia e igualdad en el mercado son insuficientes para prevenir oligopolios en el sector de la información, y la mayoría de los Estados miembros se han dotado de organismos reguladores de los contenidos mediáticos, orientados a evitar la concentración de medios y garantizar también el pluralismo informativo, como el Flemish Media Regulator y el Conseil Superior de l’Audiovisuel en Bélgica, y las leyes federales contra la concentración de medios que se han desarrollado en Alemania. Sin embargo, por ejemplo, en Hungría se ha generado una gran polémica por la nueva propuesta legislativa que otorgaba un poder excesivo a la agencia reguladora, que además en su concepción era totalmente dependiente del gobierno de turno. En España no ha habido acuerdo político para velar por el pluralismo mediático, pero se liberalizó el mercado audiovisual y en 2010 se legisló para evitar la concentración de medios, a partir de los índices de audiencia,  limitando a los accionistas el nivel de participación en más de una empresa de comunicación, lo que no ha evitado las fusiones en Mediaset de Quatro y Telecinco, o la fusión de La Sexta con Antena 3 en diciembre de 2011. 

Sin entrar a valorar el grado de independencia y pluralismo de los distintos medios, lo relevante aquí es si la integración económica europea va a favor de esa tendencia. Y más aún, si el hecho de que algunas empresas del sector se hayan internacionalizado ha favorecido la transparencia informativa.

Según datos de la Comisión, la industria de la información está en crisis, pero actualmente da empleo a más de diez millones de europeos. En este sentido, la comisaria Kroes ha lanzado un plan, en el marco de la Agenda Digital, que pretende facilitar la competencia en el sector de la información, con distintas medidas liberalizadoras y armonizadoras en el ámbito de la comunicación, de aplicación en todos los Estados miembros. 

El proyecto es todavía muy ambiguo, pero no me cabe duda de que sólo consiguiendo que el sector de la información vuelva a ser una industria competitiva y más orientada al lector que al empresario (o al accionista), volverá el periodismo a recuperar su prestigio. En ese prestigio se enmarca la vocación periodística, entendida como voluntad de adaptarse a las circunstancias históricas. 

Vivimos nuevos y convulsos escenarios en que los actores van mutando, son cada vez más los ciudadanos y cada vez menos los aparatos de los Estados. Solamente entendiendo y asumiendo esta realidad, los medios de información podrán contribuir decididamente a la creación de ese espacio público europeo, transparente y compartido por todos. El peso simbólico de una prensa en clave paneuropea, y plural, es esencial para dar forma a ese sentimiento colectivo de pertenencia, dando vida a esa única voz que esperamos sea la Unión Europea de cara al mundo. Ese logro de la prensa europea llegará cuando se revele el sano espíritu crítico que nuestra sociedad ansía para despertar del letargo y el desencanto.


lunes, 22 de octubre de 2012

De Grexit a Brixit



Ante unos mercados más calmados, hoy es algo más fácil comprender la lógica que van siguiendo los avances políticos en la integración de la zona euro. Según fuentes de la Comisión, estamos ante el escenario “de menos urgencia” desde 2009. De aquí a final de año se cerrarán acuerdos con más libertad de acción para el Banco Central Europeo, a la espera de contar con un nuevo supervisor en 2013. En palabras de Hollande, “lo peor ya ha pasado”. El Consejo de la UE de diciembre promete, porque se negociará por fin la posibilidad de articular un presupuesto específico para la Eurozona. A España ya se le han prometido hasta 100.000 millones para recapitalizar sus bancos. Grecia tiene mejores perspectivas y según anunciaba Der Spiegel, Schäuble ya tiene preparado el programa de compra de bonos soberanos griegos en el mercado secundario a un precio del 25% de su valor nominal y se espera que Grecia reduzca su deuda de forma considerable a través del MEDE, a la espera de informe favorable de la Troika.

En este contexto, destaca la posición alemana de apostar por un súpercomisario con poderes fiscales, sin precedentes. La primera derivada de tal apuesta es dotar de legitimidad a las fuertes presiones que la sostenibilidad del euro ejerce sobre la periferia, restricciones que seguirán afectando a otros países más cercanos al núcleo, empezando por Francia, cada vez más alejada del crecimiento económico. Legitimidad que hoy es difícil de aceptar cuando el proceso decisorio depende de cada uno de los parlamentos nacionales. Dan fe de ello la dura espera a la decisión de Karlsruhe y al voto favorable del Bundestag para la articulación del MEDE. Cuesta digerir que un solo Estado miembro tenga tal poder de veto sobre los presupuestos nacionales.

Paralelamente, Reino Unido sigue siendo el miembro díscolo que nunca ha digerido su pertenencia a la UE. Thatcher consiguió el cheque británico en su momento, pero hoy los británicos ya no son socios necesarios, sino más bien se considera que su control y chantaje permanente son un incordio indeseable. El premier Cameron ha manifestado su deseo de ejercer el veto en la cumbre del próximo 22 de noviembre, en que se pactará el nuevo Marco Financiero Plurianual 2014-2020, una herramienta presupuestaria casi anecdótica (aproximadamente el 1% del PIB medio de la UE), de la que se nutren los fondos de carácter más regional, incluyendo cohesión, estructurales, agrícolas, etc.  

Reino Unido no quiere más que un reconocimiento de su “excepcionalidad” quedando fuera de las medidas de gobernanza que no se “ajusten a sus intereses nacionales”. Esto no agrada e incomoda a todos. Hasta el ministro finlandés Stubb manifestó que nadie puede hacer nada por evitar que Reino Unido diga “adiós a la UE”. Ya estamos habituados a las maniobras en clave interna británica, aunque Merkel ha tomado el guante hoy, anunciando que no se presentará al próximo Consejo Europeo de persistir Cameron en su reto.
De un modo algo jocoso, algunos en las redes sociales ya han destacado que en meses el escenario ha evolucionado de un posible Grexit a un probable Brixit.

Bromas más o menos afortunadas al margen, el gesto de Merkel también tiene una dimensión más simbólica que efectiva, ya que donde se juega la sostenibilidad del euro no es en ese presupuesto comunitario. El meollo está en el Semestre europeo, que activa la supervisión de las cuentas nacionales, la regla de oro y las condiciones draconianas que bien en conocen en Grecia, Irlanda y Portugal. Dicho procedimiento queda fuera de los ámbitos del veto, ya que las decisiones solo podrían rechazarse por mayoría cualificada en contra. La estructura incluye también al Parlamento Europeo y al Tribunal de Justicia de la UE.

Sin embargo, hoy por hoy, no se manifiesta públicamente el consenso necesario en el eje franco-alemán sobre cuál ha de ser el grado de control de las instituciones de la UE sobre los presupuestos de los Estados miembros. Francia siempre ha sido más partidaria de la mutualización de riesgos y la armonización fiscal, máxime estando ahora en una situación económica vulnerable. Merkel se alinea con la postura de Schäuble, ergo dotar de más poderes fiscalizadores a la Comisión, lo que le garantiza una Eurozona sometida a la rigidez monetaria, liberando al contribuyente alemán de presiones o responsabilidades directas sobre “errores ajenos”.

No extraña que, habiendo elecciones generales en Alemania a finales de 2013, Merkel quiera liberar al Bundestag de decisiones sobre recapitalizaciones a otros Estados miembros. Es dudoso que los alivios temporales que brinda el mercado sean sostenibles, tanto como un año, sin que haya más puesta en común de elementos como la mutualización de la deuda o la solidaridad fiscal. También indican las fuentes que Hollande y Merkel están más próximos de lo que parece en términos de integración fiscal y, sobre todo, en su posición con respecto a la periferia, habiendo ganado, en fechas recientes, el gobierno griego muchos enteros a ojos del gobierno alemán. Con todo, la cercanía del proceso electoral germano nos hace estar especialmente atentos a la inmediatez de los cambios en el gobierno económico de la zona euro.